Félix Alarcón señala el punto dónde encontró el ancla romana. | A. Sepúlveda

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«Buceo y practico snorkel casi todo el año. Me conozco perfectamente la Playa de Palma. Hace años vi algo en el fondo, pero era muy lisa y recta para ser una piedra. Días atrás confirmé que era un ancla, al parecer romana, y avisé a la Guardia Civil». Félix Alarcón es el vecino de Palma que encontró el áncora de 1.700 años de antigüedad recuperada estos días.

Tal y como informó Ultima Hora, la pieza histórica estaba a unos tres o cuatro metros de profundidad «y muy cerca de la orilla, a unos setenta metros calculo yo, entre los balnearios 13 y 14», añadió el buceador. Se da la circunstancia de que a poca distancia se descubrió, hace un tiempo, una nave romana, cuyos restos siguen allí, y todo apunta a que el ancla procede de esa embarcación que transportaba ánforas. Pesa unos 150 kilos y mide, de brazo a brazo, cerca de tres metros. «A principios de mayo, cuando ya tenía claro que era un ancla, contacté con la Guardia Civil y les conté el descubrimiento. No quería que nadie la robara. Vinieron a verla, pero ese día justamente había un fuerte temporal, con olas y muy poca visibilidad, así que costó encontrarla, aunque al final lo hicieron», explicó Alarcón.

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Finalmente, los agentes confirmaron que el áncora esta petrificada y la dataron en unos 1.700 años de antigüedad. El domingo fue el último día que el buceador de la Playa de Palma la vio. El lunes regresó y ya no estaba, por lo que se sobresaltó. De hecho, pensó que alguien la había sustraído, aunque en realidad había sido la Benemérita la que la había retirado de ese leche marino. «Estoy contento de que por fin esté a salvo, porque estaba cerca de la orilla y había riesgo de que alguien se la llevara», concluyó el buceador.

«Los políticos no me han dado ni las gracias, solo un café»

Este miércoles debía celebrarse una rueda de prensa con autoridades políticas para valorar el hallazgo submarino. El encuentro, sin embargo, se suspendió. Alarcón, sin embargo, se quejó de que «los políticos no me han dado ni las gracias por haber descubierto el ancla romana. Solo me han invitado a un café».