El Grupo de Delitos Tecnológicos investiga la estafa. | A. Sepúlveda

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Suena el teléfono en un comercio del barrio de Bons Aires, en Palma. Son las 13.40 horas del pasado día 20 de mayo. Lo coge una empleada de la tienda. Al otro lado del aparato, un hombre con acento sudamericano que dice llamarse Ricardo Valderrama y que trabaja en el Ministerio de Sanidad. Hasta aquí el asunto parece realmente extraño.

Poco después de descolgar el teléfono el presunto estafador suelta a la chica el nombre del encargado de la tienda. Le dice que no ha podido hablar con él y que necesita que ella apunte una serie de números en un papel. Todo ello para que le realizara un ingreso en un cajero BitCoin, que acabó siendo de más de 1.500 euros, para recibir una serie de protocolos sanitarios.

El Grupo de Delitos Tecnológicos de la Policía Nacional ya investiga los hechos tras la denuncia presentada.

Los presuntos autores de la estafa lo tenían todo bien atado. El nombre del responsable del comercio y los horarios del mismo. No fue una llamada al azar. En un momento de la conversación con el supuesto funcionario de Sanidad, este le pidió a la empleada su número de teléfono para recibir el material sanitario.

Un repartidor se pondría en contacto con ella. Y así fue. Alguien le llamó enseguida y volvieron a nombrar a su jefe, hecho que hizo pensar a la chica que todo seguía siendo normal. Al WhatsApp le enviaron un código QR para acceder a un cajero BitBase cercano y allí realizó un ingreso de 1.050 euros. Le dijeron que era insuficiente.

Ante la imposibilidad de comunicarse con su superior, ya que en todo momento la tuvieron ‘atada’ a su móvil, le sugirieron que ella hiciera frente al resto del pago, 500 euros. El jefe, según ellos, se lo devolvería. En este caso le indicaron que lo hiciera a través de una página web. La joven lo intentó, pero su entidad bancaria detectó antes de finalizar la transferencia que algo podía ir mal y la detuvo.

Tras advertirle al sospechoso de lo ocurrido, este le instó a utilizar el mismo código QR del primer ingreso para hacer una transferencia en un locutorio. Y ahí sí se pudo concretar el envío. Minutos más tarde el jefe llegó al comercio. La chica le habló de las llamadas y supieron que todo había sido un engaño. Y, evidentemente, denunciaron.