La policía montó controles en la carretera y en la puerta de la finca para identificar a los asistentes. | Laura Becerra

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Una casa de campo ubicada en la carretera Ma-5013, en Sant Jordi, se convirtió desde el pasado viernes en el punto neurálgico de la diversión, fiesta y desfase para dos centenares de jóvenes, según fuentes policiales.

Pese a las restricciones sanitarias, a primera hora del sábado, agentes del Grupo Alazán de la Policía Nacional, Patrulla Verde (Policía Local) e inspectores del la Conselleria de Turisme detectaron una macrofiesta en una casa de campo situada muy cerca del aeropuerto de Son Sant Joan.

Un aluvión de llamadas de los vecinos puso en aviso a los equipos policiales, que acudieron al lugar. A su llegada, la sorpresa fue mayúscula. Los policías detectaron que, a pesar de las restricciones vigentes, decenas de jóvenes accedían al interior de la finca sin ningún tipo de reparo.

Tras realizar una primera inspección e identificación de personas que acudían a la fiesta, muchos confesaban que se trataba de un festival de varios días de duración aprovechando el puente del Día de las Illes Balears.

«Vaya fiestón. Hay dos DJ, buena música y alcohol y drogas para parar un carro», gritaba una de las chicas, visiblemente afectada por el consumo de alcohol a la salida de la fiesta. Los agentes detectaron que, para evitar el control policial, los organizadores de la fiesta clandestina habían montado un sistema de transfer. Los chicos eran convocados por diferentes redes sociales. El punto de encuentro era un descampado de la zona de la Casa Blanca. Una vez allí, un vehículo de la organización acudía a por ellos y los introducía en el festival.

En las diferentes vigilancias, los policías detectaron la presencia de viejos conocidos. Pequeños traficantes que son los que, supuestamente, se encargaban de suministrar las drogas a los asistentes. El precio de la entrada era de 15 euros y con ese dinero la organización colocaba una pulsera de acceso a la fiesta. La bebida y las drogas se pagaban a parte. La fiesta comenzó el viernes.

La jueza no ve delito

La policía acudió al juzgado de guardia para solicitar autorización judicial para entrar y desalojar a los participantes por motivos graves de salud. La magistrada de Instrucción 5, ayer en funciones de guardia, denegó la entrada alegando que no se estaba cometiendo delito alguno.

Policía Nacional, Policía Local y técnicos del Govern levantaron acta informando a sus superiores de esta decisión y de las posibles consecuencias que puede acarrear para la salud de los centenares de jóvenes que desfilaron por la fiesta durante los tres días. Los agentes montaron controles en la carretera y en la puerta de la casa. Cachearon e identificaron a todas las personas que entraban y salían de la propiedad.

Al cierre de esta edición, los organizadores clausuraron la fiesta debido a la presión que ejercieron los agentes policiales en los accesos a la finca. Por otra parte, el sábado, en el Parc de sa Riera, la policía sancionó a más de 25 personas por saltarse las medidas sanitarias.