El fiscal Miguel Ángel Subirán. | A. Sepúlveda

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El testigo del ácido tampoco dice la verdad. Un informe policial suscrito por el jefe superior de Baleares, Gonzalo Espino Cruz, y remitido al Tribunal Superior de Justicia, revela un nuevo episodio de denuncias falsas en torno al ‘caso Cursach’ y sus derivadas. A una falsa agresión se une una denuncia al inspector jefe que ya destapó las mentiras de otro testigo. Al fondo aparece el exfiscal Miguel Ángel Subirán, investigado en el TSJB, que llamó en varias ocasiones al testigo.

La secuencia arranca en junio del año pasado. Un testigo del caso, que trabajó una temporada en el Megapark, denuncia que dos personas le han rociado de ácido por su papel en la investigación. Su participación en la causa es secundaria, y no ha llegado a declarar en sede judicial. Pero él acude al juzgado, y la Policía Nacional inicia una investigación.

El comisario principal Gonzalo Espino Cruz tomó posesión de su cargo ayer en un emotivo acto.
Gonzalo Espino.

En el escrito que ha remitido al TSJB, el jefe superior señala que estas pesquisas se encargaron al Grupo de Homicidios. Se pretendía mantener al margen a los inspectores que abordaron las irregularidades en el ‘caso Cursach’ para prevenir que pudieran ser denunciados: «Se tuvieron indicios de que los aforados investigados (Subirán y el juez Penalva) mantenían contacto con algunos testigos a los que presuntamente dirigían para que realizaran falsas denuncias por agresiones o acusaciones a quienes les cuestionaban, contradecían o investigaban».

Los agentes de Homicidios comprobaron la historia de la agresión con ácido y llamaron a declarar al testigo. Fueron con él a reconstruir la agresión. Concluyeron que el relato estaba lleno de incoherencias: «No se puede acreditar la participación de terceras personas en estos hechos, por lo que las lesiones sufridas podrían haber sido auto infligidas».

El testigo contó que dos personas le abordaron en el aparcamiento de su casa y le intentaron arrojar ácido a la cara. Que él se movió y le cayó en el abdomen. Sin embargo, tenía una herida concentrada en un punto y ninguna señal de otras salpicaduras. Tampoco había huellas en el lugar de corrosión ni cuadraban los detalles. El testigo no fue a Son Espases hasta dos días después de recibir la herida ni denunció hasta pasado más tiempo.

En paralelo, el testigo del ácido denunció por supuestas coacciones al inspector jefe de la Policía Judicial. El jefe superior certifica que jamás se han visto ni le ha tomado declaración. Sin embargo, esa denuncia en un juzgado apareció en escritos de la defensa de Penalva y Subirán ante el Tribunal Superior de Justicia. Otro dato vincula al exfiscal y al testigo. Cuando éste declaraba ante el Grupo de Homicidios le sonó el móvil: era Subirán.

Simulación de delito

La conclusión policial es que: «Estaríamos ante un nuevo caso de presunta simulación de delito, en cuanto a la agresión denunciada y de denuncia falsa, que pondría de manifiesto una vez más la reiteración delictiva y la actuación coordinada llevada a cabo por los investigados en ese tribunal y determinados testigos».

El informe ha sido presentado en dos juzgados de instrucción de Palma, que investigaban las lesiones y la denuncia al inspector jefe y ante el TSJB. El magistrado instructor de la causa en torno a Penalva y Subirán lo ha remitido a su vez a la Sala lo Civil y Penal que ahora estudia los recursos contra su decisión de plantear juzgar al juez y al fiscal por revelación de secretos y no por otros delitos más graves como coacciones a testigos o detenciones ilegales.