Una trabajadora de los servicios funerarios de Inca introduce el cadáver en el vehículo. | A. Sepúlveda

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El acordeón sonaba casi a diario en el primer piso del número 10 de la calle Jardí de Inca. A Jorge García, de 78 años, le gustaba tocar el instrumento durante una hora antes de comer. La música era una de sus aficiones, según comentó ayer el propietario de la vivienda en la que residía la víctima desde hacía dos o tres meses con su sobrino. Jorge era mormón, hombre disciplinado, de costumbres militares, que llegó a Mallorca en el año 2012.

La víctima trabajó como empleado del BBVA en Vigo hasta que se jubiló y decidió afincarse en la Isla. Los primeros años los pasó en Inca, pero al cabo de un tiempo buscó fijar su residencia más cerca del mar y se instaló en la zona de s’Arenal.

El trasiego y la aglomeración de turistas, según explicaron este miércoles a este diario fuentes de la familia, provocaron que Jorge decidiera regresar a Inca. Un allegado le consiguió el alquiler del piso de la calle Jardí a buen precio y el exbancario jubilado aceptó. «El hombre quería vivir solo, pero su sobrino le alquiló una habitación para cuidarlo y tenerlo cerca», comentó el dueño de la casa, que la tenía arrendada por unos 500 euros.

Juan Carlos Ribera, según informaron fuentes de la Guardia Civil que se hicieron cargo de la investigación, ejerció como vigilante de seguridad en Mallorca, pero en la actualidad no tenía trabajo. Los responsables de las pesquisas desconocen los motivos por los que se instaló con su tío a finales de 2020. En un principio, el detenido, un hombre corpulento de unos 100 kilos, acudía a cuidar a su tío varios días a la semana pero al final acabó por irse a vivir con él. Jorge, según el testimonio de varios allegados, ayudaba económicamente a uno de sus hijos, que vive en la Península, y a un amigo de Palma.

El autor del crimen y la víctima tenían encontronazos verbales por discrepancias relacionadas con la política y la religión. El piso, de unos 70 metros cuadrados, consta de dos habitaciones, un baño, un salón con cocina integrada y un patio exterior.

Jorge odiaba el tabaco y Juan Carlos siempre salía a fumar a la puerta del edificio para no molestar a su tío. Un vecino contó ayer que veía al detenido acompañando a su tío a pasear y también le llevaba la compra a casa. «Es la segunda vez que me pasa», manifestó el joven, que también fue vecino del hombre que descuartizó a su hermano y lo metió en el congelador en un piso de Pere Garau en 2013.

Asfixia

Las primeras hipótesis apuntan a que Juan Carlos, en el transcurso de una discusión el martes por la mañana, colocó a su tío una mano en la cara y con la otra le cogió de la nuca e hizo presión. A continuación, lo llevó hasta la cama, lo tumbó y lo terminó de asfixiar. La víctima, vestida con jersey verde, camisa y pantalón oscuro, falleció por la obstrucción de los orificios respiratorios. El acordeón de Jorge, ayer, no sonó en el primer piso del número 10 de la calle Jardí porque su sobrino, su cuidador, puso fin a su vida.