Manuel Avilés.

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Manuel Avilés, el que fuera director de la cárcel de Palma durante unos años y a la que llegó tras una dura lucha contra el terrorismo de ETA -pues suya fue la responsabilidad de la dispersión de sus presos-, acaba de publicar novela titulada En la cuerda floja, narcotráfico en Mallorca, prologada por Fernando Schwartz y el Juez José Castro.

¿Cómo es su vida hoy?

—Desde que me fui de Palma, hace ya más de ocho años porque el tiempo vuela, ha sido de lo más normal. Soy un abuelo jubilado, pobre, anarquista y feliz. Siempre he sido epicúreo, es decir, feliz porque necesitaba muy poco para estar a gusto. Casi me he olvidado de que trabajé dirigiendo cárceles, metido hasta las cejas en el difícil asunto del terrorismo y ahora me dedico a escribir, a leer y, para mantener engrasadas las neuronas, imparto un taller literario en la Universidad de Alicante y tengo un programa semanal de literatura en Onda Cero, con lo cual, si sumamos, algún que otro vis a vis - no nos olvidemos de mis antecedentes carcelarios-, vivo feliz.

¿Cómo se ganó el cariño de la sociedad mallorquina?

—No lo sé, todavía me siento muy querido. Me decían que los mallorquines eran muy cerrados, que no admitían a los de fuera. Un día, un mallorquín de los de siete apellidos, me dijo: «Tú eres dels nostros, tú no eres un foraster». Creo que fui muy bien acogido y siempre llevaré ese agradecimiento. Hice muy buenos amigos y aún sigo en contacto con ellos, con todos. Son mi tesoro.

¿Hablamos de su novela ambientada en Palma?

—Creo que esta novela es el libro número trece o catorce, que tampoco llevo la cuenta. He elegido Mallorca porque me lo pidieron. Nunca diré quién ni cómo porque un escritor jamás revela sus fuentes. Cuando empezamos a tramar esta novela puse una condición y la he cumplido: la escribo siempre que no tenga que decir nada de mi época de director de la cárcel. Es una novela policial - no policíaca-, es una novela histórica porque cuenta hechos verídicos que han tenido lugar en la isla y es una novela negra porque en ella haya delitos, colisiones de distintas personas con el derecho penal. Las novelas no se cuentan. Se leen y luego se critican, se ponen verdes y al autor se le pone a caer de un burro, pero no se cuentan.

¿Se documentó mucho?

—Como bien dicen los prologuistas, Fernando Schwartz y José Castro, a quienes agradezco su generosidad al calificar la novela y al hacer el prólogo de la misma, cuento la vida misma, en un ámbito concreto de esta Isla. Me he documentado mucho porque todo lo que cuento tiene lugar cuando yo ni siquiera conocía Mallorca. Me niego rotundamente, pese a los episodios oscuros que en ella han acontecido, a calificarla - no recuerdo ahora mismo la cita ni a su autor- como Baltimore, una ciudad llena de actividad criminal. Mallorca, Palma, se empeñe quien sea en negarlo, siempre será un paraíso, el sitio en el que cualquiera desea vivir.