Patrullando por el exterior de las instalaciones aeroportuarias. | Alejandro Sepúlveda

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Brot y Neska son dos de los 18 agentes de cuatro patas con los que cuenta la Unidad Canina de la Policía Nacional de Palma. Tienen un olfato e instinto que los convierten en una de las herramientas básicas en la lucha contra el narcotráfico, búsqueda de personas, explosivos, billetes o armas, entre otras muchas funciones.

Un equipo de Ultima Hora consigue acceder a las instalaciones donde la unidad tiene marcada su base. No es tarea fácil y muy pocos medios tienen la oportunidad de hacerlo. Para ello, hemos tenido que cursar una petición a la Jefatura Superior y otra a AENA, dado que las dependencias policiales se encuentran ubicadas en suelo aeroportuario de carácter restringido.

Adiestradores

Tras pasar los controles policiales pertinentes, nos recibe el oficial Matías y José, un policía de los veteranos integrantes del grupo. Nada más entrar por la puerta percibimos que nos encontramos ante dos grandes adiestradores, profesionales, pero por encima de todo, dos amantes de los animales. Para ellos, son sus compañeros de batalla. «La Unidad Canina de Palma se fundó en el año 2004. Actualmente está formada por ocho funcionarios y al frente un subinspector. Cada policía cuenta con dos canes a su cargo y las especialidades con las que trabajamos son drogas, explosivos, billetes y armas. A todo ello hay que añadir el importante apoyo y refuerzo con el que contamos de la Comisaría Central de Madrid», apunta el oficial.

PALMA.

Dos agentes con sus perros en el interior del aeropuerto de Palma.

Uno de los momentos más emotivos de nuestra visita se produce cuando pasamos junto a un monumento de recuerdo y homenaje. «Es un espacio que dedicamos a nuestros perros jubilados o fallecidos. Un reconocimiento por el servicio prestado. Son uno más de nosotros, son nuestros compañeros», comenta José.

Son las diez de la mañana y la Sección Canina ha sido requerida para participar en un control de vehículos en la barriada de Es Rafal y en Son Gotleu. De forma simultánea, la Unidad de Prevención y Reacción (UPR) realiza inspección de personas y vehículos. Brot (labrador) y Neska (pastor alemán negra) son los encargados de entrar en acción.

Un control en Son Gotleu.

Su presencia ya resulta intimidatoria. Y su olfato, un arma de gran efectividad. «En controles rutinarios lo más frecuente es localizar porros, algunas papelinas y pastillas de éxtasis. Los perros no fallan. De hecho, hay muchas veces que los propios ocupantes del vehículo ya entregan las sustancias estupefacientes de forma voluntaria cuando ven aparecer a los canes. Nosotros podemos registrar un vehículo de forma más superficial, pero la presencia de los perros nos resulta de gran ayuda, es casi infalible. Los encuentran todo», comenta uno de los agentes que participan en el control.