De Son Ferriol al narcosubmarino hundido en la costa de Galicia

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Un GEAS de la Guardia Civil sobre el narcosubmarino de Aldán.

Un GEAS de la Guardia Civil sobre el narcosubmarino de Aldán.

Efe

Un narcosubmarino con 3.068 kilos de cocaína apareció hundido en la ría de Aldán, Pontevedra, a las 4.50 del pasado 24 de noviembre. El semisumergible, de 21 metros de eslora, se podía confundir con un cachalote flotando en la costa. La noche antes del avistamiento, en una planta baja de la barriada Son Ferriol de Palma, un vigués de 28 años hablaba por WhatsApp con su padre, según se desprende del sumario judicial al que ha tenido acceso Ultima Hora.

«Al final no sé qué pasó. Creo que lo hunde», escribió el joven a las 22.59 horas del día 23. «Qué va, esto es de coña», contestó incrédulo su progenitor, de 54 años, que reside en Vigo. «Olvídate… pasa de todo ignora este rollo y céntrate en tu vida… ni chatees con él… hazme caso».

Gestiones

No era de coña, no lo pudo olvidar y mucho menos ignorar. El «rollo» era coordinar la descarga de una importante cantidad de droga junto a un paisano que reside en Lleida. Los dos se desplazaron a Vigo, del 21 al 23 de noviembre, «exclusivamente» para alquilar una embarcación y trasvasar la sustancia del semisumergible. La idea también era alquilar un camión o un todoterreno para transportarla por vía terrestre. No consiguieron nada.

Los investigadores de la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (UDYCO) de la Policía Nacional en Pontevedra y el Equipo Contra el Crimen Organizado (ECO) de la Guardia Civil sostienen que eran los encargados de gestionar la recepción y posterior ocultación del gran cargamento, valorado en 123.244.573 euros, que procedía de Brasil.

«No te metas en nada… no preguntes nada…», insistió el padre, a las 23.01 del 23 de noviembre. Un poco tarde. El joven llevaba una vida tranquila en Mallorca, donde se instaló junto a su novia hace unos años. Estuvo trabajando en tiendas de ropa y en la actualidad se dedicaba a la construcción montando pladur.

El piloto del narcosubmarino era su mejor amigo y le pidió ayuda a través de un correo electrónico porque estaba en una situación «de extrema necesidad». El abogado del joven considera que no tiene nada que ver con la descarga y que los narcotraficantes no dejarían una operación de ese calibre a la improvisación de «unos chicos torpes, sin experiencia y de forma tan desastrosa». El vigués, según el letrado, solo se limitó a ayudar de manera «chapucera» a un amigo que se encontraba en la otra punta del país. La única participación que tendría en los hechos sería la de «encubridor».

El 22 de noviembre por la mañana, el joven acudió con el paisano que vive en Lleida a Decathlon a comprar ropa y barritas energéticas para los tres tripulantes del narcosubmarino, dos ecuatorianos y un español. El sospechoso de Son Ferriol se comunicaba con el piloto, su amigo de la infancia, por vía satélite y a través de correo electrónico, según relató ante la jueza uno de los siete detenidos, que seguía instrucciones del vigués y que tenía que entregar la ropa y las barritas a los tripulantes.

De vicio

Una vez llevadas a cabo esas gestiones y antes de regresar a Mallorca, el presunto narcotraficante escribió a su padre: «Pasando por la descarga… y cargando 5 paquetes. Era tu idea desde el principio hasta el final». El padre contestó, feliz, un minuto después: «Ya te digo, genial sería… quien roba a un ladrón tiene todo el perdón… qué mala suerte embarrancando en la playa y pillando 5 paquetes… de vicio».

El joven que vive en Son Ferriol fue detenido el 2 de diciembre en el aeropuerto de Valencia, cuando estaba a punto de coger un vuelo a Mallorca. La jueza de Instrucción 1 de Cangas lo envió a prisión. A finales de marzo, la magistrada rechazó dejarlo en libertad. No lo ve como un mero encubridor, como señala su defensa, sino que tiene una participación directa en la organización de narcotráfico internacional investigada. No desistió hasta el último momento. Hasta el instante en que el semisumergible fue interceptado con 3.068 kilos de cocaína. «No es admisible decir que era un encubridor. Era el hombre de atrás, un organizador, muchísimo más que un encubridor».

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