El fiscal Anticorrupción Juan Carrau, a su llegada este jueves al TSJB para declarar como testigo en el juicio del 'caso Móviles'. | Alejandro Sepúlveda

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El fiscal Anticorrupción Juan Carrau declara este jueves como testigo en el juicio por el 'caso Móviles'. Después del interrogatorio al juez Miguel Florit, acusado de un delito de prevaricación y otros contra el secreto profesional por la serie de autos que desembocó en el que ordenaba la incautación de los móviles de dos periodistas, Carrau ha asegurado que «la filtración podía afectar directamente a una investigación de la Fiscalía. Un informe policial apareció en la prensa antes de que el juez de instrucción lo hubiera leído». En este punto ha revelado que en ese informe que se filtró «se pedía la detención de 18 personas con nombres y apellidos».

Además ha asegurado que Florit le dijo que iba a devolver los móviles «porque estaba muy presionado. El juez ya consideraba que había mucha prueba contra esos policías». Ha continuado explicando que «en la prensa había salido la publicación de que se había puesto una querella criminal contra Florit. Yo preferí devolver los teléfonos cuando me dijo que se sentía muy presionado».

Carrau ha valorado los hechos y ha manifestado que «era un hecho grave porque no parece lógico que aparezca en prensa que hay un topo en Hacienda». Al respecto, ha compartido: «Pensábamos que era un delito grave y la Audiencia nos corrigió y nos dijo que era aún más grave».

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El fiscal ha declarado que «las filtraciones se habían prolongado a lo largo de un año. Se han filtrado muchas cosas y a lo largo de mucho tiempo. Tuve que hacer hasta 3 o 4 reuniones con la agencia tributaria porque estaban preocupados. La situación era muy violenta, muy extraña para la mayoría de las personas que trabajamos en Justicia».

Carrau ha justificado la intervención de lo móviles a los periodistas: «En lugar de pedir 20 o 30 listados de teléfonos funcionarios judiciales, de la Fiscalía, y del grupo de Blanqueo de la Policía Nacional, parece menos invasivo y más lógico pedir los de los periodistas de Diario de Mallorca y Europa Press».

Además, recuerda que el entonces jefe del Grupo de Blanqueo, con quien se estaba tomando un café un día, al enterarse de que le iban a investigar por un presunto delito de revelación de secretos, se puso a llorar, se levantó y le dijo: «Me van a arruinar la vida».