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El dueño de un bar de Pasaia (Gipuzkoa) ha sido condenado por la Audiencia de Gipuzkoa a penas que suman tres años y ocho meses de prisión por no limitar los ruidos procedentes de su local que causaron un trastorno de ansiedad al matrimonio que vivía en el piso superior.

Según han informado fuentes del caso, la Sección Tercera de la Audiencia provincial ha encontrado al procesado culpable de un delito contra el medio ambiente, por el que le ha impuesto dos años y medio de reclusión, y de dos delitos de lesiones por cada uno de los cuales deberá cumplir siete meses de cárcel.

En el juicio oral, celebrado el pasado diciembre, la Fiscalía había solicitado para el encausado cinco años y dos meses de cárcel por estos hechos sucedidos entre los años 2002 y 2013, período durante el que los vecinos afectados presentaron «numerosas» quejas por los ruidos procedentes del bar.

Según el escrito de acusación del Ministerio Público, entre el 19 de mayo y el 8 de junio de 2002, la Guardia Municipal fue requerida en varias ocasiones para realizar mediciones con un sonómetro».

El texto de la Fiscalía precisa que estas pruebas arrojaron unos resultados de 34,7 decibelios el 19 de mayo a las 00.30 horas; 50 decibelios el 24 de mayo a las 23.30 horas; y 33,6 decibelios el 25 de mayo sobre las 00.30 horas, lo que dio lugar a la apertura de un expediente del que el acusado «tuvo conocimiento».

Paralelamente, el perito judicial concluyó que estas mediciones «realizadas en horario nocturno» en la vivienda de los perjudicados «superaban los máximos permitidos» por el Ayuntamiento de la localidad.

«A pesar de que el acusado tenía conocimiento de los referidos informes dado que fue advertido de los problemas del local denunciado -agrega el escrito del fiscal-, no adoptó ninguna medida ni llevó a cabo ninguna reforma que hubiera limitado el impacto del ruido en sus vecinos hasta el año 2013».

El documento aclara además que, «como consecuencia del ruido que provenía del bar», ambos cónyuges «sufrieron un trastorno adaptativo de ansiedad» por el que tuvieron que recibir «tratamiento farmacológico».

Durante el juicio, el acusado afirmó que las mediciones realizadas dieron «muy poco» resultado y mantuvo que, a su entender, «no se demostró» que procedieran de su bar.

El encausado explicó también que cuando abrió el local, en 1985, «cumplía con toda la normativa» por lo que supone que también lo haría en el año 2002 cuando comenzaron los problemas, a pesar de lo cual insonorizó el local en 2013, año en el que se lo clausuraron sin que el conociera el «motivo» puesto que los resultados, a su entender, le habían sido «favorables».