El acusado de agredir sexualmente a una mujer de 87 años rechaza las acusaciones

Afirmó que no entró «ni para robar, ni para violar», mientras la víctima asegura que todavía tiene miedo

| | Ibiza |

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Foto del juicio celebrado esta mañana

Foto del juicio celebrado esta mañana

05-07-2019 | Lucía Heras

«No entré ni para robar, ni para violar» y «jamás» besó o tocó los glúteos a la mujer. Son algunos de los argumentos dados por Hassan N., para rebatir las acusaciones por las que ayer fue juzgado en la Audiencia Provincial como presunto autor de un delito de agresión sexual a una vecina de 86 años de Sant Josep.

El acusado relató que estaba lloviendo y entró en la casa para resguardarse y porque vio la puerta abierta. Añadió que había bebido mucho y que también se encontraba bajo los efectos de drogas como la cocaína o el MDMA. Relató que al entrar se topó con la dueña y que la mujer se cayó, sin que él la empujase, y que, posteriormente, le intentó ayudar a levantarse.

Preguntado por si se abalanzó sobre la víctima, por si la besó o por si le tocó los glúteos, el acusado subrayó que «jamás». Respecto a las lesiones de la víctima -presentaba diferentes hematomas-, el hombre apuntó que se las hizo al caerse pero insistió en que él no le empujó. En su declaración ante el tribunal también negó que le pidiera dinero. «Me sentía mal y quería ayudarle (a levantarse)», apostilló.

Por su parte, la víctima, de 86 años, afirmó que pasó «muchísimo miedo» y que aún lo tiene. La vecina de Sant Josep compareció por videoconferencia desde los juzgados de Ibiza. La mujer explicó que el hombre le tapó la cara y que notó cómo le rozaban entre las piernas.

Tras la víctima, fue el turno de su vecina, la mujer que acudió a auxiliarla al oír los gritos. «Estaba muy nerviosa y había cristales y sangre a su alrededor», recordó esta vecina que añadió que el hombre le acarició en la espalda en al menos dos ocasiones y tuvo que rechazarle con el brazo.

Por su parte, la camarera de un bar próximo, relató que el hombre le preguntó si las cámaras de seguridad que había en la zona funcionaban y que, antes de la presunta agresión, fue a tomarse una cerveza. Añadió que tras el suceso el hombre volvió al bar a lavarse las manos pues las tenía ensangrentadas.

La Fiscalía señaló que el acusado incurrió en alguna contradicciones pues en un primer momento dijo que en aquel momento «no tenía ni para comer» y que entraba para «coger algo de valor».

La Fiscalía resaltó que el relato de la víctima «es contundente» y mantuvo su petición de pena de siete años de prisión y una indemnización de 9.152 euros. «Entendemos que el acusado ejerció fuerza para doblegar la voluntad de la víctima», subrayó la fiscal.

Los hechos ocurrieron el 13 de diciembre de 2018 y el acusado está en prisión provisional desde el 2 de febrero, fecha en la que fue detenido por la Guardia Civil.

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