Un hombre contempla un coche afectado por la riada. | A. Sepúlveda

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La Guardia Civil, además de atender las tareas de búsqueda de los desaparecidos por la catástrofe, ha intensificado el control de la seguridad ciudadana en la zona ante el posible riesgo de que se cometan actos de pillaje. Así, mientras los efectivos de la policía judicial se dedican a la búsqueda, agentes de varios cuarteles de las islas se centran en controlar los bienes afectados por el desastre.

La inundación ha dejado cientos de vehículos tirados, muchos de ellos con puertas y ventanas rotas. Los agentes los tienen bajo control hasta que sean retirados y trasladados bien al desguace, bien a un taller para poder ser arreglados.

Algo similar ocurre en las viviendas de la localidad, también con desperfectos importantes y que, además, en algunos casos han estado sin sus moradores durante horas por motivos de seguridad. El agua ha arrancado puertas y ventanas.

De esta forma, ante el peligro de que alguien entre en las viviendas y aproveche el desastre para llevarse algún objeto, se mantiene un dispositivo preventivo que permanecerá activo hasta que la zona recupere una cierta normalidad.