Imagen de Sebastià Capó en la cabina de un tren, en las instalaciones de SFM. | A. Sepúlveda

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Llamas, pequeñas explosiones, gritos y pasajeros golpeando la puerta de la cabina. Segundos de horror en los que Sebastià Capó echó mano de una gran tranquilidad y de su experiencia para recurrir al protocolo y guiar las labores de desalojo del tren que se incendió en Palma con medio centenar de pasajeros en su interior.

«Fueron momentos de pánico», relata el maquinista, que explica con serenidad lo sucedido. Ya ha recibido el alta tras un día y medio hospitalizado (otras tres personas también necesitaron asistencia médica). «Me encuentro bien y las cosas salieron perfectas porque las circunstancias fueron favorables. No se puede pedir más», resume.

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En abril cumplirá 15 años como conductor de Serveis Ferroviaris de Mallorca, pero el del martes fue el incidente más importante con el que se ha topado. «Manejamos máquinas grandes y cualquier cosa, por pequeña que sea, se hace grande. Pasé nervios, pero no miedo. Todo fue muy rápido», detalla.

El fuego empezó en el segundo vagón y Sebastià Capó abrió la puerta de su cabina para que la docena de pasajeros del primero se pusieran a salvo. Procedió a las llamadas pertinentes para el corte de la electricidad y del tráfico antes de abrir las puertas y dirigir la salida de los pasajeros. La parte trasera del convoy quedó casi a la altura de la estación y el pasaje se pudo evacuar de inmediato. Se abrió paso entre el humo para comprobar que no quedaba nadie antes de que la Policía Local y los bomberos asumieran el control.