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La Policía de Estados Unidos ha matado a un niño de raza negra y 13 años de edad en Ohio la noche del miércoles, después de que éste apuntara a los agentes con una pistola de balines, según ha informado la cadena de televisión NBC.

El niño, identificado como Tyree King, estaba siendo perseguido para interrogarle respecto a un robo a mano armada cuando sacó la pistola de balines de plástico, a lo que un agente de Policía respondió disparándole «varias veces», según un comunicado del cuerpo de seguridad.

«Nuestros agentes llevan un arma prácticamente idéntica a esa», ha explicado el jefe de Policía de Columbus, Kim Jacobs, mientras enseñaba una foto del arma del niño. «Ha resultado no ser un arma de fuego pero, como podéis ver, parece un arma de fuego que te puede matar», ha añadido, defendiendo la actuación policial ante lo que parecía un arma real.

Las autoridades recibieron una llamada de emergencia en la que se explicaba que un grupo de tres personas, uno con un arma, estaba participando en un robo. Cuando llegaron, dos de los sospechosos, uno de ellos era King, salieron corriendo y cuando iban a ser detenidos para interrogarlos King sacó el arma, a lo que el agente respondió disparando, según el comunicado.

En el incidente no hubo más heridos y el otro hombre detenido fue interrogado y más tarde puesto en libertad en espera de nuevas investigaciones.

El agente que hizo los disparos se encuentra actualmente recibiendo asistencia psicológica, algo habitual para los agentes que se ven involucrados en un tiroteo. El agente pasará a disposición judicial para evaluar si cometió algún delito en su actuación.

Violencia policial

Este caso vuelve a poner sobre la mesa la cuestión de la violencia policial en Estados Unidos, especialmente de policías blancos hacia hombres negros, que durante el verano ha tenido varios casos y se han producido numerosas manifestaciones que han puesto de relieve el aumento de tensión racial en el país.

Alton Sterling, de 37 años, murió el pasado 5 de julio tras recibir múltiples disparos en la cabeza de manos de dos policías blancos cuando ya estaba inmovilizado en el suelo a las puertas de una tienda de alimentación en Baton Rouge, Louisiana.

Un día después, en Minneapolis, otro hombre negro, Philando Castile, de 32 años, perdió la vida tras ser disparado por un agente blanco durante un control de tráfico, en el que intentó explicarle al policía que tenía un arma en la guantera con su correspondiente licencia.

A finales de julio se registró otro caso similar en el que un terapeuta recibió un disparo en la pierna mientras acompañaba a un paciente con autismo a pesar de no iba armado y estaba tumbado en el suelo y con las manos en alto.

Por otro lado, durante una manifestación en Dallas, Texas, en protesta por la muerte de afroamericanos a manos de la Policía, un tirador de raza negra acabó matando a cinco agentes, incidente que se repitió cuando en Baton Rouge tres policías murieron a manos de un francotirador.