La policía precinta los 22 restaurantes vinculados a la red de explotación laboral. | T. Ayuga

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Horarios sin fin, amenazas, chantajes sexuales y menús repugnantes. Los testigos que han declarado en la trama que investiga la explotación laboral en torno a un centenar de establecimientos del centro de Palma que pertenecían al mismo grupo son unánimes. El principal implicado y su hermano, presos, lideraban una trama de treinta empresas interpuestas. El sumario de la causa, cuyo secreto se ha levantado esta semana, revela cómo actuaba la red y los motivos por los que el magistrado cerró más de treinta establecimientos.

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Una joven de 19 años denunció ante la policía al inicio de la causa un grave episodio de abusos sexuales de uno de los hermanos que encabezan la trama. Una vez que empezó a trabajar su jefe le dijo: «Me gustaría estar contigo a solas, me gustaría que solo yo pudiera aprovecharme de tí». Un mes más tarde fue más allá: «Si no bajas al parking y tienes relaciones conmigo te despediré».Una empleada relató las amenazas que sufrió para que firmara un finiquito que ella consideraba injusto. La trama usó a un familiar suyo, que también trabajaba en los restaurantes, para que le hiciera firmar.

En torno a las bebidas que servía la trama, varios extrabajadores coinciden: se daba gato por liebre. En cuanto a la comida la consigna era «aquí no se tira nada». Hay empleados que relatan que se servía lo que se había caído al suelo y que las sobras de un comensal se le ponían al siguiente.