Un jurado ha declarado hoy culpable de asesinato a J.R.R., el hombre de 65 años juzgado desde ayer en Palma por matar de tres tiros de escopeta en mayo del año pasado en Ibiza a un sobrino político con el que tenía diferencias por una herencia. | Alejandro Sepúlveda

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Un jurado ha declarado este jeves culpable de asesinato a J.R.R., el hombre de 65 años juzgado desde este miércoles en Palma por matar de tres tiros de escopeta en mayo del año pasado en Eivissa a un sobrino político con el que tenía diferencias por una herencia.

Los miembros del tribunal popular han considerado que el acusado, que admitió el homicidio pero alegó que actuó en defensa propia al sentirse amenazado, es responsable de asesinato con la atenuante de confesión, pues se entregó de inmediato a la Guardia Civil.

En su declaración de este miércoles, el procesado relató que creyó que la víctima, Gerardus Johannes Buijs, holandés de 34 años, le iba a atacar y que, aunque no iba armado, podía matarle. «Era mi vida o la suya», dijo.

«Si me llega a coger, es que me mata. Estoy aquí pero podría estar en el cementerio», manifestó el acusado, J.R.R., para quien la Fiscalía solicitaba inicialmente 18 años de prisión por asesinato y la acusación particular, que representa a la viuda y los dos hijos del fallecido, reclamaba 25 años al considerar que hubo ensañamiento.

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El acusado relató que el 26 de mayo de 2014, el marido de su sobrina le esperó en el camino cuando él acudía a su finca de ses Eres, en es Rafal Trobat, municipio de Sant Josep, para exigirle, bajo amenaza de muerte, que renunciara a una herencia por la que mantenía una disputa con su sobrina, ante lo que huyó hacia la vivienda rural, y, al verse perseguido, trató sin éxito de llamar a la Guardia Civil y cogió una escopeta, la cargó y empuñándole le pidió que se marchase.

J.R.R. contó al jurado que su sobrino político, un hombre «de casi dos metros» que se encontraba «muy alterado», le exigía hablar y él entendió que se le acercaba para pegarle, ante lo que le disparó tres veces, sin tener conciencia de los detalles a partir el primer disparo, ha dicho.

«Se enturbia la mente», aseguró el acusado, quien admitió, no obstante, que si hubiera tenido más cartuchos cargados los hubiera disparado.

El guardia civil que hizo la inspección ocular y dirigió la investigación señaló que el primer disparo, que impactó en el abdomen de Buijs, se efectuó a unos cinco metros, con el arma a la altura de la cadera y con la víctima parada; el segundo lo hizo cuando huía y le impactó en la espalda desde una distancia de unos 8 metros, y el último se realizó «a bocajarro», a un máximo de 5 centímetros de la sien, cuando el tiroteado había caído al suelo.

Otro agente ha agregado que cuando el acusado fue a entregarse al cuartel de la Guardia Civil acompañado de un vecino explicó que había matado a su sobrino político y que estaba seguro de su muerte porque «lo había rematado».