Fotografía facilitada de Andreas Lubitz, copilto del vuelo 4U9525 de Germanwings, mientras participa en una carrera durante el Aerportrace en Hamburgo (Alemania) el 13 de septiembre de 2009. | Efe

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Los investigadores de la colisión del vuelo de Germanwings el pasado 24 de marzo en los Alpes franceses confirmaron este miércoles que el copiloto, Andreas Lubitz, ensayó la maniobra durante el trayecto de ida de Dusseldorf a Barcelona, pero aseguraron que no podía haber sido detectado.

Ni el resto de los tripulantes, ni el control aéreo francés ni los ocupantes del avión pudieron darse cuenta de que Lubitz había programado el aparato para que bajase hasta la altura mínima posible, 100 pies, unos 30 metros, en cinco ocasiones durante el vuelo, aunque finalmente corrigió la maniobra.

El director de la Oficina de Investigación y Análisis (BEA), Rémi Jouty, responsable de las pesquisas técnicas, indicó a un grupo de periodistas internacionales que se puede concluir que Lubitz «ensayó el gesto que luego hizo en el vuelo fatal», aunque precisó que todavía es prematuro adelantar los motivos que llevaron a ello.

Ante un grupo de periodistas internacionales, el responsable de esta agencia francesa detalló los elementos del informe preliminar de la investigación, publicado este miércoles, y anunció esta maniobra del trayecto de ida que había sido previamente revelada por el diario alemán «Bild».

La información de las cajas negras del avión -encontradas en la escarpada zona alpina del choque-, cruzada con las comunicaciones con el centro de control francés, pusieron de manifiesto que Lubitz ensayó el choque voluntario del avión que llevó a cabo horas más tarde en el vuelo de retorno a Düsseldorf.

Manipulaciones

El aparato, un A320 del fabricante europeo Airbus, había partido a las 06.01 hora local de la ciudad alemana con destino a Barcelona con la misma tripulación que posteriormente haría la vuelta.

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A las 07.19 el piloto salió de la cabina y, solo en la misma, Lubitz reguló hasta en cinco ocasiones en apenas cuatro minutos el piloto automático en posición de 100 pies, la mínima que permite el avión, y la misma que unas horas más tarde ordenaría al aparato y que acabó en la colisión.

Esas manipulaciones pasaron desapercibidas para los pasajeros, para el resto de los miembros de la tripulación y para el control aéreo francés, puesto que en ese momento el avión se encontraba ya en una fase de descenso, señaló Jouty.

Los controladores de Burdeos habían ordenado al avión bajar de 37.000 pies a 35.000 pies en un primer momento y a 21.000 pies posteriormente, por motivos que todavía desconocen los investigadores del BEA pero que son normales en el tráfico aéreo.

«Esos motivos no son importantes para la investigación», indicó el director del BEA.

Tras los ensayos, momentos antes de que el piloto volviera a su puesto de mando, Lubitz volvió a situar al avión en su altura normal, previa al inicio de la maniobra de aterrizaje, que se produjo sin problemas a las 07.57 horas.

A las 09.00, el avión despegó del aeropuerto de Barcelona con destino a Dusseldorf y 41 minutos más tarde se estrelló en la montaña después de que el copiloto, otra vez solo en la cabina, volviera a dirigirlo a una altura de 100 pies.

El informe preliminar confirma que Lubitz manipuló de forma voluntaria el avión para estrellarlo y abre la puerta a la siguiente fase de las pesquisas, que pasa por «examinar el sistema de evaluación de actitud de los pilotos» de líneas aéreas, según Jouty.

«Tenemos que tratar de determinar cómo es posible que un piloto con problemas psicológicos pueda estar en la cabina de mando pese a que hay todo un sistema de seguimiento», afirmó Jouty, quien reconoció que hay «exigencias contradictorias difíciles de conciliar» entre los imperativos de seguridad que permiten a los pilotos aislarse en la cabina y los imprevistos psiquiátricos.