Dori y Tomeu en el exterior de su casa de Sencelles.

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Dori y Tomeu son, desde hace años, los propietarios de los bajos de un molino ubicado en la calle Molins número 11 de Sencelles.

Desde hace diez años aproximadamente están viviendo una auténtica pesadilla y denuncian que son víctimas del acoso de un grupo de narcos vinculados al poblado gitano de Son Banya.

«Hace tiempo que que un grupo de personas se reúnen en los exteriores de mi vivienda para consumir sustancias prohibidas o drogas y producto de esa actividad provocan diversos daños en mi casa. Los daños son constantes. Estos chicos se dedican a orinar tanto en las inmediaciones de la casa como en el interior a través de los huecos de la puerta provocando un olor insoportable en toda la zona», afirma Dori.

En las denuncias interpuestas ante la Guardia Civil, el matrimonio afirma que le descargaron el contenido de un extintor sobre la fachada y las inmediaciones de su vivienda, llegando el polvo del mismo a penetrar en el interior de la casa.

«Lo peor de todo fue cuando en verano estábamos durmiendo, con las ventanas abiertas, y nos percatamos de un fuerte olor a producto químico, lo que nos hizo salir fuera de la vivienda. En ese momento pudimos comprobar como habían impregnado de algún producto químico las plantas, la pared de los bajos del molino y también observamos una gran mancha de líquido en el suelo», comentan Dori y Tomeu, visiblemente afectados y nerviosos.

Los denunciantes, al margen de la vía judicial, también han interpuesto una denuncia al departamento de Sanidad de la consellería del Govern balear. En la misma, se explica que han detectado «por lo menos dos productos químicos. Uno sólido en forma de polvo granuloso blanco de olor áspero y picante. El otro es un líquido de olor ácido que se percibe al respirar. Otras veces no sabemos si es una mezcla u otro producto. Notamos un picor insoportable en las partes expuestas a su contacto como cara, manos, cabeza etc...», explica el matrimonio afectado.

Un inspector de sanidad se desplazó al lugar y realizó una inspección. El experto confirmó que había restos de productos, al parecer químicos.

El matrimonio sostiene que tienen miedo de vivir allí y que «personas vinculadas a Son Banya quieren que nos vayamos para que puedan traficar tranquilas», concluyen.