Uno de los revólveres intervenidos. | CNP-Guardia Civil

4

«Eran muy peligrosos y tenían armas, así que había que correr los mínimos riesgos posibles. Entrar poco antes del amanecer era la forma más segura de que no pudieran reaccionar». Un alto mando policial explicó ayer que hasta que los equipos especiales, fuertemente armados, no redujeron a los principales capos de los ‘Ángeles del infierno’ no se descartó la posibilidad de algún tiroteo o cruce de disparos.

«Era un escenario que no queríamos de ninguna de las maneras, así que los asaltos fueron muy rápidos, fulminantes», añadió otro mando consultado. Además de ser expertos en artes marciales, tener un físico imponente y esconder armas de fuego, algunos de los moteros poseían perros de presa, lo que complicó la operación. En realidad, las diligencias se abrieron hace dos años y en sus inicios eran dos: la Guardia Civil investigaba la ‘operación Casablanca’ y el Cuerpo Nacional de Policía la ‘operación Prospet’, que es el nombre que reciben los candidatos a ‘Ángeles del infierno’. Ambas líneas se cruzaron porque los moteros investigados eran los mismos y se decidió unificarlas, manteniendo el nombre más antiguo, el benemérito.

Durante estos meses, se han llevado a cabo seguimientos, pinchazos telefónicos, interceptación de emails y whatsapps, y otras investigaciones, que han permitido al CNP y la Guardia Civil conocer al milímetro cómo funcionaba la banda desde dentro. Con la ventaja que en Mallorca estaba oculto el líder de la banda y sus lugartenientes: el vicepresidente, el tesorero y el encargado de armas.