Imagen del responsable de la concesionaria junto a Santi Ferro, empleado que se enfrentó al atracador. g Fotos: ALEJANDRO SEPÚLVEDA/UH-INCA | Alejandro Sepúlveda

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Agentes de la Guardia Civil de Santa Margalida se han hecho cargo de la investigación del atraco fallido, con arma de fuego, perpetrado contra un hamaquero en la playa de Can Picafort.

Concretamente, a las 17.30 horas del pasado miércoles, tras finalizar la jornada laboral, uno de los empleados se dirigió a un vehículo donde le esperaba uno de sus compañeros.

En ese instante, un varón, de unos 50 años de edad y acento argentino, arremetió contra él empuñando una pistola y gritando: «Entrégame la plata».

En ese momento, Santi Ferro, que ejerce su actividad profesional como hamaquero en la playa de Can Picafort no lo dudó ni un sólo momento e inició un forcejeo contra su agresor. El trabajador estaba sentado en el interior del coche y tenía la movilidad reducida, pero aun así consiguió defenderse. El atracador, fruto del nerviosismo, disparó su arma apuntando al joven a la cabeza.

Afortunadamente, el arma de fuego era de fogueo. De hecho, el cartucho cayó en el interior del vehículo y ya obra en poder de la Guardia Civil.

En ese instante, el delincuente, utilizando la culata de la pistola como arma, comenzó a darle golpes en la cabeza al empleado. Acto seguido, el compañero del hamaquero llegó y trató de auxiliarlo, pero el atracador lo encañonó y le hizo recular.

Aprovechando ese momento, el delincuente cogió una motocicleta que tenía preparada en las proximidades y emprendió la huida.

Rápidamente, las víctimas alertaron a la Guardia Civil de Santa Margalida quienes han abierto una exhaustiva investigación.

Por el momento, los investigadores tienen constancia de que el ladrón conocía perfectamente los movimientos de los empleados y sus horarios. Además, el miércoles había sido un gran día en el aspecto económico y la recaudación podía ascender a unos 1.000 o 1.500 euros en efectivo.

«Nos estaban vigilando. Estoy bien seguro. No tuve miedo porque detecté que la pistola era de fogueo, pero me sentí impotente», concluye Santi Ferro.