El acusado durante la primera sesión del juicio. | ALEX SEPULVEDA

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Las salpicaduras de la sangre que salió del cuello de Törok Zsombor apuntan a que su muerte fue un asesinato. La Guardia Civil reconstruyó ayer en el juicio que se sigue ante un jurado el crimen a partir del análisis que hizo la policía científica en el lugar de los hechos, el bloque uno del edificio Las Palomas de Palmanova. Además, los agentes encontraron manchas de sangre de la víctima en la camisa del médico húngaro acusado, Darvas Csaba, al que piden veinte años de prisión.

Los expertos de la policía científica señalan dos aspectos que implicarían a un asesino en la escena. Por un lado, el cuchillo que provocó la muerte a la víctima con un corte de 27 centímetros en el cuello apareció un piso por debajo del lugar donde se produjo el corte. En torno al arma homicida había varias gotas de sangre redondas. A juicio de los agentes, esto indica que alguien estuvo en ese lugar de pie. El cuerpo de la víctima estaba en el descansillo entre ambos pisos y, además, lo que indica que no fue él quien dejó allí el arma. También descartaron que se hubiera dado él mismo el tajo y luego arrojara el arma, dado que al chocar con el suelo, el cuchillo habría dejado un rastro de sangre que no aparece en el escenario.

El otro indicio que lleva a los agentes a apuntar a un homicidio son tres huellas que hay en la pared del descansillo donde estaba el cadáver. Según los agentes, las corresponden a las manos del homicida. Su versión es que el acusado saltó encima de la víctima y le cortó el cuello en el rellano frente a su piso. El fallecido cayó redondo un tramo de escaleras y quedó encajado en el descansillo boca abajo. Se trataba de un hombre de cerca de dos metros de altura. El asesino tuvo por lo tanto que saltar por encima del cuerpo al bajar. Dos marcas de sangre en el pantalón indican que pisó allí y que, para no caer se apoyó en la pared en un punto en el que hay dos marcas, que corresponderían a sus dos manos: una de ellas cerrada, la derecha con la que sostenía el cuchillo.

La defensa planteó como alternativa que fuera la propia víctima la que hizo esas marcas. Sin embargo, los agentes sostienen que la posición de las manos, debajo del cuerpo lo descarta.

La Guardia Civil también analizó varias salpicaduras de sangre que el acusado llevaba en la camisa. Varias de ellas coinciden con la de la víctima. Además tenía sangre propia.

El jurado continuará hoy con la declaración de los forenses que examinaron a la víctima.