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El autor confeso de la muerte de la joven Ana Niculai, Alejandro de Abarca, no padece ningún tipo de trastorno mental que mermara sus facultades al secuestrar y matar a su víctima el pasado 19 de julio. Así se desprende de un examen psicológico realizado tras la detención del imputado.

De Abarca fue trasladado por segunda vez a los Juzgados de Inca en el día de ayer para que ratificara su confesión ante la magistrada titular del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 1 que será quien instruya la causa. El detenido ya había declarado en sede judicial tras ser detenido pero ante el juzgado de guardia. Ayer rechazó contestar a ninguna pregunta y solicitó ser representado por un abogado de pago, que tiene que designar él mismo. Hasta ahora, su representante legal ha sido el que le correspondió por turno de oficio el día que fue puesto por la Guardia Civil a disposición judicial. El detenido tendrá que volver a ser citado, una vez que aclare su defensa, para que ratifique su confesión.

En su primera declaración ante un juez, De Abarca ratificó a grandes rasgos la confesión que hizo a la Policía Judicial de la Guardia Civil. Es decir, que a primera hora de la mañana del 19 de julio vio a Ana Nicuali, de 25 años de edad entrar en un aparcamiento del centro de Palma. El imputado iba en bicicleta, llegaba de una noche en la que había estado de fiesta y esa misma mañana debía regresar al centro en el que estaba preso en tercer grado penitenciario. Según se relato se acercó a la joven para robarle el coche e ir a Son Banya a comprar droga. En su versión judicial dijo que ordenó a la joven entrar en el coche; a la Guardia Civil le dijo que golpeó a Ana Nicuali y la metió ella en el interior del vehículo. A partir de ahí comenzó un trayecto con la joven retenida en el automóvil entre Palma, Son Banya y Muro. El imputado paró en varias ocasiones a comprar droga, cerveza e incluso a cambiar una rueda en Lloret que se le había pinchado en uno de los trayectos entre Palma y Muro. De acuerdo con su confesión, por la mañana y por la tarde inyectó heroína a la joven. La última dosis de la droga fue mortal, según el asesino confeso. Después prendió fuego al coche de la joven con ella dentro. Antes sacó la bicicleta en la que se había desplazado. Durante la semana siguiente, De Abarca permaneció huido de la Guardia Civil entre Lluc y Muro. Cerca del santuario hizo una hoguera en la que quemó sus pertenencias. Hasta ahora siempre ha negado que abusara sexualmente de la joven.

Otras causas

Además de la causa que tiene abierta por la muerte de la joven rumana, De Abarca tiene dos causas abiertas en juzgados de Palma: una por un robo con el que se le relaciona una semana antes del crimen y otra por quebrantar su condena al no regresar a prisión durante la salida de fin de semana en la que cometió el asesinato.

El reo está imputado de delitos de asesinato, detención ilegal, quebrantamiento de condena, robo y conducción temeraria por los hechos relacionados con la muerte de Ana Niculai.