Partido de Copa del Rey en el Colisseum Alfonso Perez entre el Getafe y el Real Mallorca, (0-1). Borja Valero. | Alejandro Sepúlveda

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Los milagros en fútbol existen, pero se dan muy pocas veces y ayer el once de Manzano necesitaba uno, pero de los grandes. De los épicos. De esos que tienen un lugar de privilegio en los libros de historia. Estuvo cerca de conseguirlo, muy cerca. Con el 0-1 a su favor desde antes del descanso, el cuadro balear metió el miedo en el cuerpo a los jugadores del Getafe, ese miedo atroz, que envuelve a los equipos en los minutos finales y les atasca la ideas.

El Mallorca tuvo muy cerca acceder a las semifinales de Copa, pero su intentona quedó ahí, en un partido masticado con tesón, elaborado, donde no renunció a nada y donde un solo gol le privó de no estar en Sevilla la próxima semana.

Salió con todo Manzano. Incluso con Aouate, que otra vez fue el mejor del partido. Tuvo dos intervenciones magistrales en la segunda parte. El cumplió, pero ya se sabe que este Mallorca, fuera de casa le cuesta horrores ganar y mucho más marcar y ayer necesitaba un mínimo de dos dianas. Sólo anotó una.

El conjunto rojillo compareció sobre el césped del Alfonso Pérez con poco que perder y mucho que ganar y eso te da ya un punto de ventaja. La defensa se avanzó unos metros en relación a su estatus habitual y dejó espacios al rival, pero también fue capaz de inventar, de no regalar el balón por regalar. Dibujó el equipo de Manzano uno de esos partidos en los que es necesario trabajar sin prisa y dejar que el rival caiga poco a poco en sus errores.

Es cierto que el equipo de Míchel tiene buenos jugadores, ahí estaban Parejo, Albín, Gavilán...son buenos sí, pero no dan noticias de cara a gol. Llegaban y fallaban y cada vez que un equipo llega y falla, va creyendo menos en él. Va muriendo poco a poco, es como si se desvaneciera. En ese escenario, el Mallorca se mueve como pez en el agua y vio cómo hasta en dos ocasiones Albín (min. 21 y 37) enviaba el balón a la grada cuando lo más fácil era meterla. La toca bien este jugador, pero necesita muchas ocasiones para marcar. Conclusión: no es tan bueno.

El Mallorca seguía trabajando, creciendo, degustando el partido. Julio Àlvarez y Castro aumentaban sus prestaciones, sobre todo porque se dieron cuenta del coladero de David Cortés y por ahí hizo daño el cuadro balear.

Fue en una internada del uruguayo, pero por la banda derecha, cuando el equipo balear despertó y se dio cuenta de que la defensa al completo del Getafe era una mentira. Les entraba el miedo a la primeras de cambio a todos y miedo es lo que da ver a Castro avanzar con la quinta marcha puesta. En una de esas arrancadas, se coló dentro del área y rafa le derribó. Penalti a los 30 minutos. Ideal. Pero Aduriz lanzó, bastante mal por cierto, y Ustari detuvo el lanzamiento.

La película sufría un cambio de guión. Definitivamente, el Mallroca perdió el miedo al partido y se fue con descaro a por él. La pena máxima errada no hundió al grupo isleño, que siguió ganando metros, poco a poco, sin obsesionarse, pero sin tirar la toalla. Ya al final, en el 45, los baleares disfrutan de una última acción, un corner. El balón voló al segundo palo y ahí, Ustari, que había estado muy bien hasta ese momento, se puso a mirar la pelota hasta que Aduriz, con muelles en sus pies, se impulsó para cabecear a gol. 0-1 y eliminatoria abierta. Ahora sí que el partido estaba como le gustaba al Mallorca.

En la reanudación, el pase a semifinales estuvo en la cabeza de Rubén. Un remate del central desde la frontal del área pequeña se marchó por encima del larguero. Ya se sabe, Rubén es defensa y está más acostumbrado a despejar que a marcar. Gajes del oficio. Después, el partido se ensució, se paró continuamente. El árbitro sacaba tarjeta por cualquier motivo y el reloj jugaba en contra de los baleares. Sin embargo, el Getafe tenía un miedo tremendo. Con Keita y Enrich sobre el campo se acrecentó esa sensación de temor.

Un gol balear hundía definitivamente a los locales, que seguían mostrándose incapaces de marcar. Unas veces Aouate y otras su falta de calidad evitaron el tanto madrileño. Pero daba igual, el 0-1 no era suficiente para los de Manzano, que veían cómo se esfumaba la semifinal y con ello la posibilidad de llegar a su cuarta final. Fue bonito mientras duró, pero ahora queda luchar por Europa y ahí es donde hay que centrar ya todos los esfuerzos. Los baleares han apurado la Copa hasta el último sorbo. Ahora resta el festín de la Liga.