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Este año, 2024, se celebra con todos los honores el 200 aniversario de la presentación y estreno de la 9ª Sinfonía de Ludwig van Beethoven, conocida como ‘Sinfonía Coral’. El acontecimiento tuvo lugar en el Teatro Imperial de Viena, el 7 de mayo de 1824. La asistencia al concierto fue total, ya que, en esta época, Beethoven gozaba de una gran popularidad y hacía unos 12 años que no aparecía en público.
Ludwig van Beethoven nació en Bonn (Alemania) el 16 de diciembre de 1770.

Con muy pocos años dio muestra de una auténtica vocación hacia la música. Según las crónicas biográficas, a los 9 años conoció al organista Christian Gottlob quien se convirtió en su maestro y le recomendó estudiar la música de Johann Sebastian Bach, hacia el cual Beethoven siempre sintió una profunda admiración.

En 1883 da a conocer y a publicar sus primeras composiciones musicales. En 1884, con 14 años, escribe un concierto para piano.

La vida de Beethoven es atormentada y con matices muy trágicos. Sabemos que llevó una vida con grandes preocupaciones ambientales, cambió más de treinta veces de domicilio, con grandes y preocupantes padecimientos físicos y muy angustiado por su situación económica. Todos estos aspectos los situamos en una dimensión biográfica, que, en este caso, nos conducen hacia el acontecimiento que se pretende destacar hoy: La Novena Sinfonía Coral.

El encargo de la Novena Sinfonía fue una petición de la Sociedad Filarmónica de Londres en 1817. Este año se realizan los primeros esbozos de la obra. El trabajo más intenso se llevó a cabo entre el otoño de 1822 y se dio por finalizada en febrero de 1824.

Con la innovadora inclusión de coro y voces solistas en el último movimiento Beethoven rompió con las ideas tradicionales de la composición sinfónica, estilo que siguieron otros compositores entre los que destaco a Gustav Malher.

Esta sinfonía tiene una precursora, la conocida ‘Fantasía para piano, coro y orquesta’ (1808). Su composición evoca mucho lo que sería la Novena, en su forma coral.

El coro de la Novena es un poema que anuncia un mensaje muy concreto referente a la alegría como un grito desesperado de unión y de fraternidad universal.

El texto An die Freude es un poema escrito por Friedrich Schiller en 1785 revisado en 1803 con parte de texto adicional escrito por el propio Beethoven.

La idea de musicalizar el poema de Schiller Oda a la alegría, ya provocó en Beethoven la idea de componer una oda o sinfonía en 1793, cuando Beethoven tenía solo 22 años.

Ya en 1795 encontramos sugerencias corales en algunas composiciones como, por ejemplo en la canción acompañada al piano: Amor correspondido (Gegenliebe).

También parece que hubo una cierta influencia del Misericordias Domini (K-222) de Amadeus Mozart, escrito en 1775.

Habían pasado once años entre la Sinfonía nº 8 y la 9ª. Los vieneses creían que ya se había agotado la inspiración de Beethoven, pero cuando se supo que había compuesto una nueva sinfonía, le animaron a que la presentase en público lo antes posible.

Qué podía aportar un músico después de tantos años de silencio y totalmente sordo.Vencidas por fin todas las dificultades, la Sinfonía se estrenó en Viena a petición de amigos e intérpretes destacados en el Teatro Imperial.

Apenas aceptada la petición de estreno de la sinfonía, Beethoven se sintió halagado por este gesto, ya que sentía una especial simpatía hacia ella. Se estrenó juntamente (en el mismo programa) con tres partes de la Misa Solemnis (Kyrie, Credo y Agnus Dei).

En la Novena Beethoven, introdujo la percusión por primera vez en la historia de una sinfonía, con intención de elevar la potencia emocional de los sonidos orquestales y lograr efectos impactantes en el público.

Apenas decidido el estreno, empezaron a surgir serias dudas: el local, el director de orquesta, el coro, los solistas, quién correría con los gastos… Vencidas las muchas dificultades, la orquesta se ofreció a actuar gratis, así como también algunos componentes de la parte coral.

El 7 de mayo de 1824 la 9ª Sinfonía se estrenó ante un inmenso y apasionado público que interrumpió varias veces la interpretación con grandes ovaciones.

Debido a su sordera, Beethoven no pudo oír la sinfonía, la siguió a través de una copia de la partitura imaginando los sonidos en su mente.

Al final del concierto Beethoven, sentado en un palco junto al escenario, fue incapaz de oír los aplausos. La contralto que formaba parte del coro, le tocó el brazo, mostrándole como el público lo aclamaba con aplausos y agitando pañuelos. Beethoven se levantó y dirigiéndose al público que abarrotaba la sala, se inclinó y lo saludó. Se le notó que de sus ojos brotaban lágrimas. Sus biógrafos nos anotan que, debido a la emoción, Beethoven se desmayó. Lo llevaron a su casa, y lo acostaron en un diván, donde permaneció dormido hasta el día siguiente.

En sus últimos años, la sordera le era prácticamente definitiva. Fue la época en que compuso las obras más interesantes e innovadoras: los últimos Cuartetos a cuerda y Sonatas para piano, la Missa Solemnis, y las famosas Variaciones Diabelli, entre otras.

En diciembre de 1826 enfermó gravemente de una pulmonía. El 3 de enero de 1827, hace testamento. El 24 de marzo, se agrava mucho su enfermedad, recibe el sacramento de la Extremaunción y el 26 de marzo de 1827 muere, durante una fuerte tormenta sobre Viena. El reloj marcaba las 17’45 horas, tenía 56 años.

Fue en Beethoven que la música académica abrió un espacio a la libertad creativa, y expresión emocional propia, valores acordes con la estética del romanticismo. En él se registra el dominio de una tradición clásica, en sus primeros años, y el deseo de libertad y creatividad personal en los últimos. Beethoven abrió una nueva puerta a las posibilidades de la música, que dio entrada a un nuevo y original universo musical.

Se tienen catalogadas 343 obras, 138 ordenadas como Opus y 205 reconocidas como originales de Beethoven, pero sin el correspondiente Opus.

Durante la llamada ‘guerra fría’, y la división de Berlín, la sinfonía se utilizó como Himno de Alemania del Este, entre 1956 y 1968.

La 9ª Sinfonía ha sido declarada por la Unesco, Patrimonio de la Humanidad.

En 1985 el Consejo de Europa, y más tarde la Unión Europea adaptó el 4º movimiento Oda a la alegría de la 9ª Sinfonía como Himno de Europa, con una versión orquestal realizada por Herbert von Karajan.

Termino transcribiendo un breve mensaje que se canta en la parte coral de la Sinfonía:
«A través del magnífico plan del cielo/
Corred, hermanos, vuestro camino/
Alegre como un héroe por ganar,
Así todas las personas serán hermanos»

Poco antes de morir, apuntan sus biógrafos, se oyó a Beethoven decir estas palabras: «Me parece imposible dejar este mundo, sin haber dado todo lo que he sentido nacer dentro de mi».