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Gustavo Bellazzini es el único marino del Acorazado Roma que sigue vivo. Tiene 101 años y todavía guarda una estrecha relación con Menorca. Este año es, además, muy especial: se celebra el 80 aniversario del día que volvió a nacer, cuando los nazis hundieron su barco y salvó la vida milagrosamente. Su foto con 18 años está colgada en una de las salas del hospital de la Isla del Rey, un enorme complejo levantado por los ingleses en 1711 en una pequeña isla en medio del puerto de Maó. La visité el pasado sábado gracias a la fundación que dirige el general Luis Alejandre y pude conocer de cerca esta insólita historia de la II Guerra Mundial.

Tras el golpe que derrocó a Mussolini el 25 de julio de 1943, el mariscal Badoglio rindió todo el Ejército a los Aliados. La historia se repetía. Italia cambiaba de bando y Alemania respondió invadiendo la península apenina. De un día para otro, los antiguos camaradas se convirtieron en enemigos.

Los alemanes infligieron el primer castigo sobre el buque insignia de la flota italiana: el Acorazado Roma. Lo encontraron el 9 de septiembre entre Córcega y Cerdeña cuando se dirigía a rendirse a los Aliados y lanzaron sobre él varios bombarderos. Un misil radioguiado Fritz-X que solo había sido usado una vez acertó de lleno sobre el depósito de municiones. La terrible explosión partió el buque por la mitad y lo hundió en pocos minutos. Murieron 1.252 hombres.

Cuatro barcos recogieron a 520 supervivientes, muchos de ellos con graves quemaduras, y se vieron en una encrucijada porque no había un puerto italiano seguro cerca de allí. Decidieron huir hasta una zona neutral: las Islas Baleares. El puerto de Maó les permitió refugiarse e ingresar 248 heridos en el hospital de la Isla del Rey.

En el trayecto habían muerto 13 marinos, los más graves, y en la Isla morirían 13 más. Todos fueron enterrados en el cementerio de Maó y todavía hoy se celebran actos castrenses en su memoria.

Los supervivientes y el resto de las tripulaciones se quedaron más de un año allí amarrados. Eran más de 2.000 e invadieron una ciudad de entonces sólo 20.000 habitantes. Los mahoneses respondieron con amabilidad: les daban comida, les lavaban la ropa, iban juntos a misa, jugaban al fútbol y salían a bailar. Al menos surgieron siete parejas que acabaron en matrimonio. También hubo riñas entre chicos locales e italianos que competían por las chicas.

El libro El Hospital de la Isla del Rey del Puerto de Mahón desvela también algunos problemas políticos. Los marinos italianos eran, en general, antifascistas y deseaban la paz. Sin embargo, un grupo de fascistas convencidos se dedicó a planear su huida para reincorporarse a la nueva República Social Italiana, el gobierno títere de Alemania que Mussolini dirigía desde el norte. Unos 20 fascistas huyeron en una barca el 6 de febrero de 1944 y todo indica que naufragaron debido al mal tiempo.

Cada domingo desde hace 19 años, unos 80 voluntarios trabajan en la rehabilitación del hospital tricentenario de Maó, historia viva de Europa.