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Tristes historias de trenes, largas y en algún caso sostenidas chapuzas, inciden sobre el relato de la actualidad política incorporando un componente capaz de influir sobre el resultado de las próximas elecciones autonómicas. La chusca historia de los trenes que no caben por los túneles de Cantabria y Asturias supone años de retraso en la modernización del servicio y un coste añadido en razón de la prometida gratuidad de los trenes durante los próximos dos años. El fiasco se ha llevado por delante a la secretaria de Estado de Transportes (Isabel Pardo de Vera) y al presidente de la Renfe (Isaías Táboas). Ha sido una destitución presentada como dimisión.

En política se puede hacer todo. Todo menos el ridículo y esta historia reúne todos los elementos para formar parte de la antología del disparate. Un fiasco que podría aparejar un coste electoral para el PSOE que gobierna en Asturias y es el aliado parlamentario de Revilla en Cantabria.

En otro país la cabeza que habría rodado sería la de la ministra responsable de Transportes. Tiempo al tiempo porque la señora Raquel Sánchez tiene en Extremadura otra cita con el esperpento. En esta comunidad, en la que también se celebraran elecciones el próximo 28 de mayo, padecen un tren que el pasado mes de julio fue presentado como de Alta Velocidad, pero que en realidad se trata de un ALVIA que no pasa de los 90.

Tantos problemas provoca que el presidente de la Junta, Guillermo Fernández Vara, oteando el horizonte electoral parece que no las tiene todas consigo. Si al rechazo que reflejan las encuestas a la gestión del Gobierno central por la gobernanza sectaria de los asuntos generales del país en los casos de Asturias, Cantabria y Extremadura se une el cabreo y el choteo generado por el fiasco de los trenes, se comprende que los respectivos presidentes de estas comunidades estén con la mosca tras la oreja por temor a ser arrollados en los comicios de mayo.