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La niña Isabel Soler Adrover, natural de Felanitx, no aparece en ningún listado de memoria democrática. Tampoco recibió homenaje alguno durante la dictadura. Si lo buscan, su nombre no sale en ningún libro sobre la Guerra Civil. Es una víctima que se ha borrado de la Historia. La razón: fue una niña abandonada en un asilo de Palma que murió en un bombardeo republicano. Ni siquiera la prensa de la época publicó bien su nombre. La llamó Isabel Llabrés.

Isabel Soler nació el 18 de abril de 1926 y fue bautizada en la parroquia de Sant Miquel de Felanitx. Sus padres, Rafael Soler Tauler y Margarita Adrover Barceló, debieron sufrir graves apuros porque a los tres años decidieron abandonarla. En enero de 1930 sus tías la ingresaron en el Asilo de la Sagrada Familia, hoy Llars El Temple, situado en el centro de Palma. Allí las monjas le dieron un nuevo hogar. A pesar de la educación disciplinaria de la época, las niñas tenían un nivel de vida digno. Nunca les faltaba comida y aprendían a leer y escribir. Una de sus obligaciones era hacer de plañideras. Acompañaban los cortejos fúnebres hasta el cementerio a cambio de unas monedas.

Como explican Pere Fullana y Joan Matas en su libro sobre el asilo, la Guerra Civil las obligó a trasladarse a las estancias del Puig de Sant Miquel, en Montuiri, pero decidieron volver a finales de 1936. Pensaban que Palma ya era segura. No contaban con el regreso de los bombardeos.

A las seis de la mañana del 31 de mayo de 1937 sonaron las sirenas de la capital. Un enorme trimotor republicano estaba lanzando bombas sobre el centro. Las explosiones se acercaban poco a poco. Las hermanas y las niñas bajaron desde sus habitaciones por la escalera hasta el refugio como habían hecho tantas veces. Parecía que ya se habían salvado todas, cuando el último proyectil que lanzó el avión cayó en el jardín del asilo y arrancó dos grandes palmeras. Según publicó el diario El Día, «un casco de metralla de esta bomba causó la muerte a una niña asilada del Temple, una muchachita que bajaba con sus compañeras a refugiarse en el sótano y, al notar que no llevaba puestos los zapatos, volvió por ellos y entonces la alcanzó la explosión».

Visité el lugar exacto este miércoles con la directora de Llars El Temple, Magela Sosa. «Lo que sabemos es que falleció en las escaleras cuando bajaba al refugio. Todavía queda metralla en la pared», afirmó. En la escalera hay un enorme ventanal que permitió atravesar la metralla. Efectivamente, en la fachada principal todavía quedan vestigios de la explosión.

Según el Registro Civil, Isabel murió de «hemorragia traumática interna» y fue enterrada en el Cementerio de Palma «con el número 551». Tenía solo 11 años. Fue la víctima mortal más joven de las diez que causó el bombardeo. También hubo 26 heridos.

La directora del Temple me contó que fue un milagro encontrar la documentación: «La hermana María Isabel, que es mayor pero está muy lúcida, se tomó en serio la búsqueda». Para Magela, Isabel fue «doblemente víctima porque como no era nadie conocido su muerte ha quedado en el olvido». Divagamos sobre qué habría sido de ella de sobrevivir. «Hoy tendría 96 años», pensé.