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Mi madre lee todas mis columnas de Historia pero nunca me comenta nada. Solo dice que le encantan y cambia la conversación hacia temas más actuales. Siempre es así salvo el otro día: «El vecino me ha dicho que eres de izquierdas. Yo le he dicho que no pero él te lee todos los viernes y está seguro. Pero hijo, ¿tú eres de izquierdas?». Aquello me alegró la tarde. Fue una prueba evidente de que mis textos son tan transversales que ni mi santa madre sabe la ideología que tengo.

Todo esto no lo hago para confundir sino para cumplir con lo que me enseñaron en la universidad: que los periodistas e historiadores deben contar la verdad para que la sociedad sea más libre. Y contar la verdad implica relatar todos los hechos relevantes con la misma contundencia verbal, molesten a quien molesten. Por eso, mis columnas tratan tanto sobre los desmanes de derechas como los de izquierdas. Mi objetivo es narrar algo desconocido y que el lector se forme su propia opinión. Eso no es equidistancia, es cumplir con la función social del periodista e historiador.

Soy consciente de que la objetividad pura no existe. El historiador inglés Edward H. Carr afirmó que los hechos nunca llegan en estado puro porque sufren una distorsión al pasar por la mente de quien los recoge. No obstante, debemos acercarnos a la realidad con honestidad y huir de las verdades a medias. Omitir es mentir, y pienso que llevamos muchos años omitiendo muchos hechos.

En Baleares habrá alrededor de 30 historiadores que publican sobre Contemporánea. Bien, pues que yo sepa, entre todos ellos solo hay uno de derechas, el cual no procede del ámbito universitario. Los demás, los otros 29, son todos de izquierdas, sobre todo de izquierda soberanista. No hay más que seguirles un poco para saberlo. No se esconden. Algunos directamente militan en un partido y hasta han sido diputados. No sé, a mí esto no me parece normal.

Esto en el mundo del periodismo es impensable. Como dijo el gran maestro de la escuela de El País, Miguel Ángel Bastenier, «periodismo y militancia política son incompatibles. Lo que no niega que como persona el profesional tenga sus preferencias». Un periodista que se presente a diputado no puede volver a la profesión porque tendría comprometida su independencia. En EEUU algunos medios prohíben incluso a los periodistas acudir a manifestaciones políticas y opinar demasiado en Twitter. ¿Por qué lo hacen? Para evitar que sus lectores piensen que están condicionados a la hora de contar las historias y no son capaces de identificar la gravedad de los hechos.

Orwell ya avisó de que «quien controla el presente, controla el pasado, y quien controla el pasado, controlará el futuro». El franquismo controló el pasado durante 40 años y ahora nosotros no podemos hacer lo mismo pero al revés. Como dijo el historiador Santos Juliá, «un Estado democrático no puede recordar a unos y olvidar o volver invisibles y excluir a otros, como fue el caso de la dictadura, por la simple razón de que una democracia no es una dictadura vuelta del revés».