TW
0

Quien más quien menos necesita enemigos, tanto para tener razón como para fortalecer la propia identidad (los enemigos son los que nos identifican y fortifican), y ya en el ámbito político, también para cohesionar al grupo (o nación), que sin enemigos tiende a dispersarse. El enemigo es la gran institución política, cultural y futbolística, y por tanto, buscarse un enemigo inexistente, donde sea y como sea, que precisamente por no existir se le gana fácil, suele ser tarea prioritaria si se quiere ser alguien en la vida. No es que no haya enemigos reales, y a miles, pero el problema con ellos es que pueden ganarnos y hacernos picadillo (recuerden el viejo refrán, favorito de Ferlosio, de que Dios siempre ayuda a los malos cuando son más que los buenos), mientras que el enemigo inexistente, a causa de su naturaleza ficticia, es inofensivo y se le puede pisar el cuello como San Jorge al dragón.

Con lo que mola ser San Jorge. Es lo que hace el PP con ETA, o con la unidad de España, y aunque el repertorio de enemigos que no existen (dragones, demonios, orcos, molinos de viento, vampiros, zombis, celulitis, extraterrestres, etc.), tras rendir grandes servicios a la humanidad están ya un poco desgastados y no dan miedo a nadie, ni cuela la artimaña de declararles la guerra, con sólo cambiarle el nombre a un dragón o demonio, y actualizarlo un poco, todavía es posible dar el pego y presumir de héroe providencial y salvador de España y del mundo. Lo que de paso libra al combatiente de cosas inexistentes de enfrentarse a enemigos de verdad, que suelen ser invencibles.

Parece absurdo, pero ya avisó Celine del formidable poder de lo absurdo, y la fuerza indomable de lo que no existe. Por qué si no EEUU, a quien no faltan enemigos feroces, la mayoría estadounidenses, ha inventado ahora un viejo dragón chino inexistente para poder desafiarlo. China es el nombre del orco, y les hacía falta uno. Asunto solucionado. A veces ni siquiera hay que inventar soluciones, basta inventar alarmas y quejas novedosas. La alarma es la solución. La queja ante la cosa es la cosa. Otro día les contaré cómo diseñar, buscar y encontrar sus propios enemigos inexistentes. Vencerles está tirado.