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Se acabó, al fin, un agosto de escandaloso calor y se abre el curso político. Leemos las noticias de estos días y vemos ya a la tropa política hacer sus estiramientos antes de empezar la carrera. Tal el PP, con un Feijoó retador, una Ayuso en pleno estado místico o un Almeida aclarando al mundo mundial que todo se lo pasa por el arco del triunfo.

Es bien sabido que el PP es la excepción a lo postulado por Heráclito, porque siempre es la misma agua la que mueve su molino: ETA, impuestos, más ETA, educación, bolivarismo, otro vez ETA y chulería, mucha chulería. Feijoó mismo ha empezado sacando pecho y reta al presidente para el debate en el Senado sobre los planes energéticos, y allí veremos que la nueva luminaria del PP es como uno de esos púgiles que llegan desafiantes al cuadrilátero, se quitan la bata, enseñan músculo, hacen flexiones de piernas en un esquina, y cuando suena la campana se vuelven y reciben una primera hostia que los deja KO. De seguir como va, no tardará mucho para que tal esperanza blanca acabe en blanco roto. Lo vendieron como dirigente moderado y ecuánime y ahí lo tenemos, girando a la extrema derecha sin intermitente y poseído ya por el espíritu de Jose Mari, que es, al fin y al cabo, el agua estancada que mueve el molino.

El curso empieza también muy judicial, con la revisión de los casos Oltra y Rato, el primero como ejemplo de lo que es capaz la extrema derecha para deshacerse de un político molesto, y el segundo como ilustración de la cara acementada que se gastaban los dirigentes peperos.