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Llevamos años escuchando que el Passeig Marítim de Palma va a ser reformado. Nos han presentado planes. Nos han ilusionado con proyectos. Y ahora, por fin, tenemos delante la ejecución de un plan que convertirá la autovía marítima en un boulevard para peatones. Me decía un amigo, vecino del escenario, que estamos ante el primer proyecto completo para la zona. Se terminaron los parches, las ampliaciones, las reparaciones y los añadidos. La Autoritat Portuària va a remodelar la vía para convertirla en un Passeig Marítim. Lo cual no está nada mal si tenemos en cuenta que todos lo llamábamos así cuando, en realidad, no lo era.

Recuerdo escuchar a un colega peninsular que lo que más le había llamado la atención de la ciudad era su autovía urbana a la que había bautizado como la M-30 de Palma. También recuerdo mi silencio intencionado para no tener que darle la razón. Y es que lo que teníamos era una larga autovía, un gran puerto y muchos paseantes. Lo que parece que vamos a tener pronto es un paseo que además de paseo va a ser marítimo. Claro que los paseos para ser buenos tienen que ser agradables a la vista y al tacto.

Tengo la impresión de que cuando se diseña un paseo marítimo, hay que tener en cuenta tres escenarios. El escenario marítimo, que es el que mira al mar. El escenario del paseo, que es el suelo firme por el que se pasea. Y el telón de fondo, que son las edificaciones que uno ve cuando da la espalda al mar. El primero lo tenemos por naturaleza. El segundo es el que se va a reformar. Pero del tercero nadie habla. La hilera de edificios alineados que mezclan estilos, artes, formas y reformas me temo que por ahora no va a ser tenida en cuenta. Es en este punto cuando me vienen a la memoria las imágenes de las ciudades con paseos marítimos en los que los tres escenarios están en sintonía.