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No voy a ser yo quien quiera, pueda o deba juzgar o apercibir a Kristin Hansen. En el fondo, después de tal hostigamiento da igual que sea alemana, lesbiana o cualquier otro de los atributos que se han comentado de una protagonista inesperada de nuestra actualidad. Me da absolutamente igual y al final paga el error de salir en público sin haber preparado un discurso que se ha convertido en todo un revulsivo unificador de muchos mallorquines. Incluso deberemos agradecerle que repitiendo algo que a menudo hacen nuestros políticos, desbarrar, ha despertado muchas conciencias y ha puesto sobre la mesa cuestiones que deben afrontarse en la nueva legislatura. La Part Forana debe decir basta al capitalismo de Palma que se extiende y perjudica a todas las islas Baleares.

La realidad de Palma es muy distinta a la de la gran mayoría de Mallorca y creo que una ciudad que no sabe gobernarse y que va a la deriva no debe marcar la ruta de la verdadera Mallorca (que la protagonista de este artículo nunca llegará a comprender y no, precisamente, por su pasaporte). Esta unidad y esta reacción que ha sido ajena a las banderas políticas nos ha demostrado que si nos tocan la fibra sensible podemos reaccionar y alejarnos del menfotisme que he mencionado en otros artículos. Lo que da más vergüenza no son, en este caso, palabras mal expresadas y fuera de todo contexto.

Son los 70.000 euros destinados al postureo político electoralista y puestos en manos de una persona que se ha ganado un notorio descrédito que debería extenderse a quienes la han patrocinado. O mejor aún, debería haber provocado alguna dimisión para demostrar a la ciudadanía que los errores suponen abandonar esa silla que tanto les gusta a todos con independencia de color e ideología. Porque sí avergüenza que además de tirar 70.000 euros no haya habido dimisión alguna y se haya considerado que unos tuits sanadores eran ya suficientes para calmar al vulgo enfurecido. No podemos ni debemos olvidarlo y si uso la palabra tirar no es por el fin de la acción sino porque esta misma semana hemos leído que nuestra sanidad se resiente de carencias económicas importantes ya que el diagnóstico o tratamiento de enfermedades como el cáncer están sufriendo la mala gestión de nuestros dirigentes.

Guste o no todavía hay prioridades y estas no son los caprichos de nuestros políticos que, desde Palma, prescinden y se alejan de toda realidad. Es hora de ser serios y rigurosos, algo que no hizo la señora que tanto ha alterado a la población mallorquina y que en unos días será la capitana de una costosa fiesta en una Palma donde hay muchísimos deberes por hacer. No hay que celebrar a destiempo y tampoco hay que insultar a esta sociedad adormecida que, de vez en cuanto, se despierta y sabe rugir al unísono.