TW
0

Ir y acudir coinciden en ser formas de traslado; son dos verbos similares, pero no sinónimos. Leí en un autor que Chartres no era para él un lugar donde estaba, sino al cual acudía. Ir es desplazarse de un lugar a otro. Acudir es desplazarse adonde uno es atraído. Acudir implica que vas a algún sitio al que te sientes llamado, mientras que ir no tiene esta connotación.

Mi experiencia confirma la distinción: yo voy por ocurrencia o por exigencia, pero acudo por querencia. Yo voy al mercado, pero acudo a la novena de Beethoven, a Piazza Navona, al cementerio familiar, al almendro en flor. Quizá es que las necesidades exigen los traslados presurosos, y las atracciones exigen las estancias dilatadas. Quizá es que vamos a lo que es preciso y acudimos a lo que es precioso. ¿Vamos o acudimos? Seguro que a diario vamos al grifo, pero es probable que hay días que nos gustaría acudir al manantial.

Anoto que yo soy acusado de no ir demasiado a los amigos, pero me dolería el alma si no acudiera a ellos, o no acudieran ellos a mí. Y percibo que a medida que se me acerca el final de trayecto, más me preparo para acudir a mi resurrección que para ir a mi muerte.