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El otro día asistí por vídeo conferencia a la Masterclass del joven reportero de Guerra Lluís Miquel Hurtado, gracias a los cursos que realiza Lisa Institute acerca de geopolítica, estrategia y supervivencia de los reporteros de guerra, entre otros cursos como ciberataques, o nuevas armas de guerra. Presentó el vídeo el director de Lisa Institute Daniel Villegas y he de confesar que Hurtado es uno de los jóvenes corresponsales en tiempos de guerra más juiciosos que he conocido. Alejado de lo que venimos llamando cariñosamente «la Tribu», corresponsales que fueron en su día Manu Leguineche, Maruja Torres, Pérez Reverte, etc.... que generalmente han acabado gracias a contarnos sus batallitas, algunas de ellas adornadas con ese brillo que dejaron tipos como Ernest Hemingway, Kapucinsky, Robert Capa, Ellerhard, amantes del whisky, la bohemia parisina o narradores de historias haciendo el amor en sacos de dormir bajo el estruendo de los bombardeos, Hurtado no, pues es un periodista que prepara muy bien sus viajes, estudia en profundidad la historia que ha dado origen a las guerras que él ha ido cubriendo como en Siria y actualmente en Ucrania.

Hurtado sabe que ir a cubrir zonas en conflicto no se hace para ganar dinero, pues los freelance deben pagarse los pasajes de ida y vuelta, chaleco antibalas, que suelen costar 1000€, casco, botiquín, pagar los hoteles donde hospedarse, que siempre, en tiempo de guerra son más caros, comida, tabaco, material fotográfico, y alguna que otra lata de cerveza Damm para calmar el stress al que está siempre sometido el trabajador en conflictos.

También, un personaje a quien se debería pagar incluso más que al reportero es al guía o productor, pues son ellos quienes conocen el terreno, las zonas a donde no debes ir o cómo salir de situaciones complicadas al dominar ellos el idioma, pues no todo el informador domina el ucraniano o el inglés. A Hurtado han querido apresarlo en algunas ocasiones por realizar su trabajo y han sido los guías nativos, el productor, quien le ha sacado de pasar malos ratos o de algo peor.

Hurtado es de esos periodistas que sienten la necesidad de ayudar a otros compañeros de gremio, de facilitar el trabajo y de enseñar su experiencia para que los que vengan detrás sepan a qué enfrentarse sin sorpresas. Porque estar en territorio comanche nunca es algo predecible. Siempre está el factor sorpresa y cuanto más preparado estés, menos riesgos corres.

Lluís Miquel Hurtado busca no sólo las zonas en guerra, sino también va detrás del intento de normalizar la guerra que persiguen los que sufren en ella. Como esa especie de milagro que consiste en encontrar una cafetería abierta donde todo está cerrado, con su música y su café como si uno hubiera encontrado un oasis en pleno desierto de muerte y destrucción. Porque, dice Hurtado, la gente hasta en tiempos de guerra, busca la normalidad. Acaban acostumbrándose a los estallidos de las bombas y al sonido de AK-47. Muchos incluso ya ni se mueven de sus casas para ir a los refugios.

Y es esa normalidad lo que atrae también a Hurtado a las guerras, no solo narrar qué tal bastión ha caído o tal zona de conflicto sigue en manos rusas como él mismo reconoce, antes que periodista de guerra, fui periodista de local, y a eso seguramente regresaré, porque un periodista ha de ser capaz de escribir la noticia en tu diario local, o narrar un crimen en tu ciudad. «Yo me metí a ser corresponsal de guerra por culpa de haber leído Territorio Comanche, de Pérez Reverte, todo ese romanticismo al que luego la realidad se encarga de hacerte más cercano a la tierra y más humilde. No me he hecho rico, no me puedo comprar un piso, me acabo de casar y aún no hemos podido hacer un viaje de novios ni tener hijos, pero sí sé que necesita el mundo de gente como yo que cuenta lo que está sucediendo. Y eso no tiene precio».

Los reporteros de guerra no son sólo de guerra, esta grandilocuencia de autoproclamarse: soy reportero de guerra, es falsa, somos reporteros y punto, y a Hurtado le da igual informar desde su Tarragona natal ,que relatando o entrevistando a basureros o taxistas. No puedes hacer como Robert Fish, que va de gran corresponsal de guerra en Siria o Damasco y no tiene ni idea de hablar árabe!!! Cómo es eso posible si desconoces su cultura? Pues hay muchos así, pues decir has estado en cuatro o cinco guerras hace 'cool'. No, Hurtado no es de esos, y tanto le da trabajar para la Sexta que para El Mundo o el Diario de Tarragona.

Luego, algo muy importante es el método. Has de tener un método para reducir las posibilidades de morir en acto de servicio, desde que el coche esté bien a punto, sin fallos de mecánica, a vigilar zonas de posibles secuestros. Cambiar de horarios y rutas, vigilar quienes te observan, si los soldados portan armas y saben manejarlas o son inexpertos. Todo ello es por tu seguridad y la de tus compañeros. Pisar por donde han pisado los de delante para evitar pises minas. Y si te acusan de espionaje convencerles con tus notas, tus apuntes, que solo es información para el periódico, no para ser usada por el enemigo.

Luis Miquel Hurtado es una más que sobrada referencia de buen reportero de guerra y un más que válido compañero para todos aquellos que deseen seguir tras sus pasos. Es, en definitiva, de esos hombres que hacen de la profesión de periodista, algo que merece la pena dedicar tu vida. Un fuerte abrazo compañero y regresa pronto a España.

Y sigue con tu lema, que consiste en que la gente no quiere guerras, ni batallitas, ni conflictos. La gente lo que busca es la normalidad, y seguir viviendo en Kiev por poner un ejemplo. Y nosotros queremos vivas tu normalidad también con tu mujer en Tarragona. Así se escriba, y así se cumpla.