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En apenas unos días, el temor de Francina Armengol por los efectos de la invasión rusa de Ucrania se han diluido ante sus expectativas de la temporada turística que será, afirma, la de la normalidad en todos los aspectos, con unas cifras de turistas superiores a las anteriores a la pandemia. Ya es como Pedro Sánchez a quien su particular deriva le conduce en solo veinticuatro horas de alinearse con Podemos para eludir el envío de armas a Ucrania a convertirse en el más ferviente paladín de armar a los ucranianos agredidos.

Con el fin de esclarecer la supuesta confusión de la presidenta de Baleares, hay que acudir a la peculiar forma utilizada por los socialistas para resolver las contradicciones de Pedro Sánchez: su cosmogonía como candidato nada tenía que ver con la interiorizada como presidente. El recelo de Amengol por las «repercusiones graves en nuestro territorio» fue expresado durante el Comité Federal del partido, en Madrid; el escenario para la vehemencia turística ha sido la feria turística de Berlin, la ITB, con un formato virtual, desde el Palacio de Congresos de Palma.

La realidad de ahora mismo concuerda mejor con la declaración madrileña de Armengol. En el sector turístico, el parón de reservas induce al pesimismo; pescadores, taxistas, transportistas y todas las ocupaciones que sufren los incrementos desbocados del precio de los carburantes se ven abocadas al cese de actividad. El empobrecimiento general causado por una inflación camino del 10 % describe un panorama desolador. Y ha mentido de nuevo Sánchez al Congreso al atribuir a la guerra las consecuencias de la crisis, para eludir la responsabilidad de su desquiciada política económica; meses antes de la agresión rusa, la inflación se situaba ya en el 7 %.

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Entonces, ¿ahora qué? La fórmula del Gobierno de España es la de siempre: apelar a la contención salarial y al sacrificio de trabajadores y clases medias, en la misma dinámica que el presidente del comité de funcionarios que ha elaborado por encargo del Ministerio de Hacienda el libro blanco sobre la reforma fiscal que ha afirmado en una entrevista reciente que «es lamentable decir que el dinero está mejor en el bolsillo de los ciudadanos».

Mientras, en un alarde de sagacidad política, la ministra de Podemos, la simpar Irene Montero, anunciaba la inversión de 20.000 millones de euros en «políticas de igualdad» que por innegable que pueda parecer su necesidad es una iniciativa cuando menos inoportuna a la que, por otra parte, no se han opuesto reparos. Será otro resultado del peaje a pagar por el PSOE. El papelón de Podemos con el expansionismo imperialista del ruso es otra historia.

Tampoco el Govern de Armengol ha hecho gesto alguno con los ciudadanos de Baleares ante este «momento solemne» (Josep Borrell, alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad). El digital Mallorcadiario.com desglosaba el precio del litro de combustible del que más de la mitad engrosa las arcas de la Administración autonómica a base de impuestos.
La reciente presentación del proyecto de la nueva ley de ciencia incluye la creación de otro instituto público. Simples ejemplos de que el Govern de Armengol no tiene intención de reducir sus gastos y/o aliviar la carga fiscal de los ciudadanos.