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A casi todo el mundo le apetece tener una doble vida, o triple los más ambiciosos, pero como es algo muy fatigoso que genera bastantes problemas, la mayoría no se atreve. Lo prueban unos días y se echan atrás, agobiados. Numerosos escritores, a los que les gustaría ser otro escritor, solucionan esto mediante un pseudónimo, nom de plume si es francés, y así si fracasan fracasa otro. Pero si ese otro tiene éxito, el ardid dura poco, y más que una doble vida, lo que consigue ese tipo listo es que se le conozca también por otro nombre. Doblemente localizado, en fin. No es fácil tener una doble vida, salvo que se forme parte de las cloacas del Estado, y se disponga así de la protección estatal y fondos reservados. O salvo que prueben mi método.

Yo tengo una vida secreta que consiste en no hacer nada, no dar un palo al agua, no relacionarse con nadie. Sólo fumar, beber, haraganear. Es una doble vida extraordinariamente cómoda, porque si tener una vida ya suele ser muy incómodo, tener dos, con sus correspondientes alegrías y tristezas, amores y tirrias, responsabilidades y deberes, es a menudo inaguantable. En serio, si se sienten tentados por llevar una doble vida y no se atreven, por el qué dirán o por las fatigas que conlleva, búsquense una como la mía y déjense de tonterías. Como la mía, pero no la mía, que es sólo para mí y no pienso compartirla con nadie. De ahí que sea secreta y mi dirección no figure ni en los mapas de Google.

Para despistar a mis dobles; si alguna vez me encuentro con alguno, yo a mis dobles los trato a patadas. Sólo así me garantizo la molicie perfecta que caracteriza mi doble vida, y a la vez la hace viable y digna de ser vivida. Si me preguntan cuál de las dos vidas prefiero, pregunta por cierto de muy mala educación, la respuesta es las dos. Y al mismo tiempo, que es precisamente la gracia de tener dos vidas, una corriente y otra muy secreta, de modo que cada una compense las insuficiencias y deficiencias de la otra. El más viejo anhelo de la humanidad, sin duda. Que sólo a la vejez he resuelto, mediante repetidos intentos de prueba y error, pero por fin tengo ya una doble vida. Magnífica, porque en ella no hago absolutamente nada.