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Quizá lo más inquietante de esta variante ómicron, que tantos estragos navideños está causando, es que tras ella la siguiente letra del alfabeto griego que usa la OMS para bautizar las mutaciones del virus, es nada menos que pi. ¡Pi! El concepto más complejo y ubicuo del universo, un signo que está en todas partes, como Dios. En realidad, pi no es una letra, ni un signo, ni un número irracional con infinitos decimales, sino un símbolo mítico de casi todo. Porque esta relación entre la longitud de la circunferencia y su diámetro aparece también en la constante cosmológica, la relatividad general de Einstein, el principio de incertidumbre de Heisenberg y hasta la misteriosa ecuación de la función de onda de Schrödinger, base la de mecánica cuántica.

Hasta en la Biblia aparece pi de tapadillo, más o menos oculta, milenios antes de que los geniales Euler, Gauss, Riemann o Ramanujan saturasen las matemáticas con esa extraordinaria letra griega. Y de las matemáticas a la física, porque aunque en principio y aparentemente no tenga nada que ver con ella, brota en innumerable ecuaciones como si no hubiese forma de entender ningún fenómeno de la naturaleza sin su presencia. Está en todos los guisos intelectuales, y algunos sabios han llegado a pensar si pi no será una característica biológica de la mente humana, que no puede cavilar sin ese símbolo, y prefiere expresar cualquier cosa en función de pi, a fin de que la ecuación sea más elegante.

Inclusiva, por así decir. Por supuesto, pi ya figuraba en los mensajes enviados al cosmos en busca de inteligencia extraterrestre, en la certeza de que si hay otras especies inteligentes, tienen que entender ese símbolo o letra o signo. O nombre de la próxima variante del coronavirus, salvo que la OMS, abrumada por la enormidad de tener que sufrir una pandemia pi, se salte el orden alfabético. Que ahora que lo pienso, quizá sería preferible, porque una mutación tan compleja y simbólica, sería inmanejable por los sanitarios, dado que los expertos virólogos no saben física cuántica, ni cosmología. Ni teología. Pero que no se adelanten demasiado, porque pronto llega la letra psi, símbolo de la psicología y de la función de onda mencionada, y esa nueva ola pandémica, que además también contiene a pi, ya sería insoportable. Una locura.