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Gran Bretaña es el país del mundo con mayor capacidad técnica para hacer el seguimiento genómico del coronavirus y de sus variantes. Esto es que a una gran cantidad de pacientes se les estudia en profundidad el virus, para determinar sus características. En Europa, sólo Dinamarca se le compara. A principios de esta semana, el servicio de salud británico había identificado más de catorce mil contagios de una derivación de la variante Delta que ya supone el ocho por ciento de todos los contagios en el país. La variante Delta (AY 4) ha registrado más de una modificación, muy menor, que en un caso, el AY 4.2, tiene cierto interés porque supone un aumento de su capacidad de expansión.

Esta variante probablemente no se encuentra sólo en Gran Bretaña, pero es allí donde, debido a que llevan hechos más de un millón de análisis genómicos, tienen un seguimiento más preciso. También Estados Unidos ha encontrado tres casos, pero se supone que hay más, porque se hacen muy pocos análisis. En Israel, donde hay equipos precisos, en este mes de octubre se identificaron diez casos, todos procedentes de Estados Unidos.

Las variantes del virus son clasificadas por la Organización Mundial de la Salud como Variantes de Interés, en cuyo caso se les hace simplemente un seguimiento o Variantes de Preocupación, si su expansión constituye un motivo de alarma. En el caso de la AY 4.2, aunque se está estudiando por parte de algunos países, aún no se la ha calificado pero se prevé que sea considerada Variante de Interés de aquí a unos días.

Según los escasos estudios que se han difundido, los británicos consideran que esta variante tenderá a reemplazar al virus actual. Hay que tener presente que esta nueva versión sigue siendo esencialmente la variante Delta, con unas modificaciones muy menores. Apenas hay dos cambios en dos posiciones de su aminoácido, lo cual se ha constatado que aumenta su capacidad de expansión y contagio. Los epidemiólogos, sin embargo, dicen que no tienen constancia de que las vacunas no sigan siendo eficaces, dado que los cambios son muy menores.

A partir de los datos disponibles, es seguro que AY 4.2 se expande más que la variante Delta habitual, pero no es, ni por asomo, un cambio tan serio como el que supuso la Alfa o la Delta cuando aparecieron, que contagiaban un cincuenta o sesenta por ciento más que las versiones del virus previamente existentes. Ahora se estima que es marginalmente más expansiva, entre un diez o un quince por ciento más. Y tampoco hay evidencia de que sea más preocupante para la salud de lo que ya es.

De manera que probablemente estamos ante el inicio de otra modificación de la COVID, ahora bastante menor, al punto de que no se la considera una nueva variante sino una pequeña alteración en la variante Delta, con una capacidad de contagio ligeramente superior, pero no tanto como había ocurrido en el pasado. Ese ocho por ciento de casos que se registra ahora en Gran Bretaña al menos –otros países no hacen seguimiento genómico intenso, de manera que no se puede saber qué está ocurriendo– tenderá a ser del cien por ciento en unos meses, como ocurriera en el pasado con la variante inglesa primero (Alfa) y con la india (Delta), después. Pero, al menos sabemos hoy que no estamos ni ante una expansión tan fulminante ni tampoco necesariamente más letal.

Aunque faltan muchos estudios aún, es evidente que seguimos por el momento con lo sustancial de la variante Delta, que es la que conocemos y estamos sufriendo mayoritariamente en estos momentos.