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Tanto mi maestro de doctorado, de Dictadología Tópica, Camilo José Cela Trulock, como mi amigo –a quien de tanto en tanto veo en Madrid– Basilio Baltasar, han puesto al hotel Formentor, que ahora está rehaciendo piedra a piedra y con mucha precisión histórica, ecológica y modernidad ese magnífico arquitecto que es Carlos Lamela; han puesto, decía, este legendario hotel –capricho de un argentino millonario (1929)– en lo más alto del ‘candelabro’ literario internacional por mor de las conversaciones y reuniones literarias que allí se llevan periódicamente a cabo (menos por razones de fuerza mayor, como ocurre este año) y por las que han pasado la crema de la crema de las mejores plumas (desde Vicente Aleixandre o Italo Calvino a Carlos Fuentes). Pero, me recuerda mi compadre Antoni Nadal, y ese asunto ya lo han comentado más de una vez Andreu Manresa, Carme Riera o Lucía Garau, que hubo un antes de Camilo José Cela y de Basilio, y ese fue el conde Hermann Graf Keyserling que organizó en 1931 la Semana de la Sabiduría a la que asistió gratis total nada menos que Ramón Gómez de la Serna, según cuenta él mismo en su Automoribundia. Veamos con más enjundia ese asunto.

Von Keyserling (1880-1946), aristócrata nacido en el imperio ruso, en Livonia, en el Báltico, tras la revolución rusa perdió sus feudos y fundó la Sociedad para la Filosofía Libre que tuvo mucho éxito. Era políglota y sabía de todo. Demócrata regular, viajó por todo el mundo, Mallorca inclusive. En nuestra Isla organizó (1931), aprovechando las instalaciones y el medio paradisíaco del hotel Formentor, una semana en la que un grupo de intelectuales reflexionaron sobre algo que es muy difícil reflexionar, como la sabiduría, el humanismo, etc. Al evento asistieron el ya mencionado Gómez de la Serna, el omnipresente Gabriel Alomar, Joan Estelrich y Josep Pla, así como Sagarra o Joaquín Xirau. Pla llegó a decir, con su particular antigracejo y supongo que liando un cigarro, que intentarían resolver los problemas del mundo en Formentor. Cabría recordar que por aquellos años Mallorca contaba con un ramillete de intelectuales de gran valía capaces de disertar sobre lo humano y también sobre lo divino, gente muy mallorquina y a la vez muy cosmopolita. Se esperaba la asistencia a ese encuentro sapiencial de Ortega y Gasset, y de Pérez de Ayala, pero no consta que fueran. Por lo visto, Gómez de la Serna le decía a todo el mundo en Madrid que «iba a ir a Formentera», confundiendo no sé si intencionadamente, o a modo de greguería, a Formentera con Formentor. Por su parte, Sagarra así describió el hotel Formentor: «És una mena de somni… con sus pinos contorsionistas y el más contorsionista de todos el de Costa i Llobera». Los asistentes a la Semana de la Sabiduría se lo pasaron de miedo, de tanto en tanto dejaban de pensar y se tomaban unas ampollas de ginebra. No arreglaron el mundo, ni el nacionalismo, ni los deseos de Cambó, pero, eso sí, se llevaron grato recuerdo de nuestra Isla.