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El incidente acaecido el lunes entre un menor argelino acogido y el padre de otra menor de la barriada de Son Roca se veía venir hace tiempo. Solo la ceguera política de los responsables del IMAS les impedía augurar un resultado violento a tanta indolencia e incompetencia por su parte. Aparcar en centros mal dotados a menores extranjeros con graves problemas, que debieran ser devueltos a su país para que las autoridades de éste o sus familias se hicieran cargo de ellos, no es solución de ninguna clase, sino solo un maquillaje a un gravísimo problema que se niega una y otra vez por parte de los responsables del Pacte.

La República Democrática y Popular de Argelia –que así es su denominación oficial– es un Estado supuestamente democrático con el que mantenemos unas especiales relaciones por mor del suministro de gas natural. A la vez que dependemos de ellos por razones energéticas, el régimen argelino obtiene de dicho comercio unos ingresos vitales para su propia supervivencia. Asimismo, Argelia mantiene unas tensas relaciones con Marruecos por razones históricas, y acoge en su territorio a los saharauis exilados del Polisario –terroristas incluidos–, apoyando la celebración de un referéndum de autodeterminación del Sahara que exaspera al régimen alauí, pero que colma de gozo a nuestra izquierda. Se trata, en suma, de un vecino incómodo, que perjudica nuestro trato con Marruecos.
En cualquier caso, desde 2002 las relaciones de vecindad se desarrollan conforme al tratado de amistad vigente entre ambas naciones, que se manifiesta, entre otros aspectos, en la cooperación contra el terrorismo islamista. Pero nuestra ‘amiga’ Argelia no hace nada para acabar con el tráfico ilegal de personas hacia nuestro país, incluyendo menores, convirtiéndonos en su válvula de escape social, como demuestra el hecho de que un porcentaje escandaloso de aquellos ciudadanos argelinos que se quedan en nuestro archipiélago acabe involucrado en actividades delictivas, si es que no ha llegado aquí con ese específico propósito, a sabiendas de la disparatada blandura de nuestro sistema penal.

Norai es la plasmación de un sonado fracaso en política exterior, de la visión negligente y buenista del ministro Grande-Marlaska acerca de la inmigración ilegal, y también de la incompetencia manifiesta de los responsables del área de servicios sociales del Consell. Javier de Juan acumula tantas razones para haber sido cesado o haber dimitido que no debería pasar ya ni un solo día al frente del IMAS.

El martes, más de 300 ciudadanos indignados se manifestaron ante el centro de acogida de menores Norai, hartos de la tontuna abulia de nuestros políticos. La inoperancia alimenta la violencia y esto acabará muy mal. Al tiempo.

u Debo confesar el error en que incurrí en mi último Calaportal. Pese a que diversos medios apuntaban la llegada de la ministra de Educación, Pilar Alegría, el pasado jueves, lo cierto es que, salvo que lo hiciera de incógnito, dicha visita no llegó a producirse, lo que lamento porque no pudimos comprobar su supuesto carácter dialogante. En cualquier caso, la tramitación de la nueva ley educativa balear sigue su curso sin haberse conseguido ni un solo avance significativo.