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Parece haber unanimidad al calificar el recién clausurado 40 Congreso Federal socialista como el de la reunificación de partido, superando el personalismo que necesariamente se dio en el anterior de 2017; cuando Pedro Sánchez había sido elegido en primarias frente a la candidata del oficialismo. En aquel congreso, la Ejecutiva propuesta por Sánchez alcanzó el 70 por ciento de los apoyos, espectacular para quien había sido defenestrado, y con intención de expulsarle de la política, unos meses antes. La del domingo ha sido respaldada por el 95 por ciento de los compromisarios y eso ya evidencia que se ha llegado a un compromiso programático: más PSOE de siempre y menos audacias. Por un lado, se apuesta por seguir explorando un camino de concordia con Catalunya, indefectiblemente más federalidad; del otro, se mantiene la tensión territorial atemperada con un peso pesado, Guillermo Fernández Vara, en la secretaría de Política Autonómica. El presidente extremeño con el presidente de Castilla La Mancha, Emiliano García-Page Sánchez, y el de Aragón, Javier Lambán, se erigen en los más firmes opositores a cualquier flexibilidad competencial con Catalunya.

Debe ser cosa de la tradicional exaltación de la España culturalmente nacional de las regiones interiores en franca oposición a la otra visión de España, pluricultural y plurinacional, que se sostiene desde otras regiones periféricas y mediterráneas. Nadie duda de la singularidad nacional (nacionalidad) de Euskadi y Navarra, sancionada por la afortunada negociación de régimen fiscal privativo; ni de Galicia, que el partido mayoritario allí seguramente considere nacionalidad, disfrazada en ese epíteto comodín del galleguismo, ya que el PP no tiene a bien reconocer en sus documentos esa denominación que, por demás, está en la Constitución. Pero no hay manera de nombrar a Catalunya como nacionalidad, y menos aún, nación aunque sea desde el punto de vista histórico y cultural, sin categorización política, que era la fórmula que se adoptaba en el preámbulo del Estatuto de 2006, desautorizado por el Constitucional y punto de arranque de la desafección que desembocó en el ‘procés’.

Habrá que concluir, como afirman los independentistas, que España no quiere a Catalunya, o mejor, no quiere a la Catalunya que ejerce su autogobierno siguiendo los mandatos democráticos de las urnas. ¿Son antipáticos los catalanes porque no se consideran menos capaces ni menos altivos que el Estado? Habrá que recordar que la historia documenta relaciones con Catalunya bien poco edificantes para construir una unidad cultural, nacional, política; más bien al contrario. Afirmaba el conde-duque de Olivares en un informe a la Corona, con ocasión de los esfuerzos bélicos en la Guerra dels Segadors (1640), que más le valiere a S. M. una Cataluña que todas sus tierras en ultramar. No recuerdo la cita textual, pero podría encontrarla.

De resultas, este 40 congreso socialista ha servido para presentarse como bloque ante las sucesivas citas electorales, pero sin discurso nuevo. Las necesidades de juntar voluntades ha supuesto descafeinar algunos de los hitos con los que se presentó el presidente a las primarias y en su primer triunfo electoral; como la reforma federal, cuando situó a Manuel Cruz, catedrático de Filosofía Contemporánea y reconocido federalista, al frente del Senado. Ahora, la cuestión federal se ralentiza o hibernará en una secretaria de Reforma Constitucional, en algo así como un gabinete de estudios. Si se quiere una reforma constitucional útil, habrá que tocar el tema federal y eso habrá que hacerlo desde las propias instituciones y con la participación de los demás grupos; y que cada uno discursee lo suyo. Y eso solo puede ser en las comisiones constitucionales del Senado y del Congreso. ¿Se está haciendo? ¿Entonces? Es evidente que el PP no está por pactos que no le beneficien. El PP no negocia, impone.