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El pasado día dos de octubre, Última Hora publicó un informe sobre los abortos realizados en Balears y, obviamente, quedé alucinada al ver las cifras de interrupciones voluntarias de abortos habidos durante este año, sumando la cantidad de 2.843 abortos en nuestra Comunidad, una cifra sobrecogedora, sobre todo, cuando hay parejas que no pueden concebir y corren todo un calvario para conseguir la adopción, cada vez más complicada, cara y entorpecida según el país etc.

Como el aborto ha sido despenalizado en España, ahora el hecho de interrumpir el embarazo no implica nada, solo buscar un hospital público para mayor seguridad de la mujer.

No obstante, la Iglesia declara que el aborto voluntario, por sí mismo, es intrínsicamente malo y grave al poner fin a una vida humana inocente, algo que no admite modernizaciones; queda claro que los no creyentes en la fe católica, no les afecta la situación permitida jurídicamente. En carta a los romanos, Pablo afirma que «dónde abundó el pecado, sobreabunda la gracia» (Rm 5,20). Pues ya ven, siempre habrá más perdón condenación.

Pero lo auténticamente espeluznante es que en 2020 hubo ocho menores, de catorce, o menos años, que abortaron, algunas no fue su primera vez. Quizás las ellas no supieran lo perjudicial para la salud que puede resultar la interrupción reiterada, desastrosa para su cuerpo todavía en pleno desarrollo. No creo que, a los progenitores de estas chicas, y chicos, les agrade la situación, aunque, niños de otros Continentes tienen otros modos de vida.

La causa de tales conductas proviene de la gran libertad que hoy se tiene, sin consciencia, ni discernimiento, dado que el tiempo es superior al espacio, aun sabiendo lo complicado que es comenzar procesos de maduración de la libertad, de capacitación, de crecimiento integral, de cultivo de la auténtica autonomía.

El discernimiento siempre se da a un determinado fin, y no es razonable el concepto individualista sobre su propia subjetividad, pero tampoco desde una consciencia cuya virtud sea la obediencia obligada a la obediencia de alguien de fuera. Pero la capacidad humana empuja a salir a la búsqueda de la verdad, y de la rectitud de las propias acciones.

A pesar de hechos imperdonables, incapaces de olvidar lo ocurrido, debemos acercarnos, hablar sin críticas, ni reproches, ni abundar en el pasada. La reconciliación es hacer posible el perdón entre las personas y familias u otros de color diferente y costumbres extrañas.