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Como todos recordamos, tras el fracaso en las recientes elecciones a la Comunidad de Madrid, Pablo Iglesias, en la misma noche electoral, decidió abandonar la actividad política.
Fue un gesto extraño porque lo normal, para evitar mayores daños a Unidas Podemos, habría sido renunciar a todos sus cargos, facilitar un proceso de reflexión política interna y abrir el camino a un nuevo liderazgo... pero Iglesias se encargó de que nada de todo esto sucediera.

La leyenda dice que, muerto el Cid, los suyos le colocaron en un caballo para que los 'infieles' le consideraran vivo y se batieran en retirada (estratagema que, según se dice, tuvo buenos resultados).

Pero, en el caso de Pablo Iglesias, el tema es mucho más rocambolesco: es él quien, en la mismo noche electoral se aparta de la actividad política y, al mismo tiempo, el que, fuera ya de la organización, decide que su sucesora ha de ser Yolanda Díaz.

Que semejante disparate no haya despertado ninguna voz de alarma, que nadie con peso en UP haya cuestionado este dislate y que la propia Yolanda Díaz haya asumido el liderazgo de Unidas Podemos sin que las personas que se consideran de UP hayan podido manifestarse al respecto es una buena muestra de la inorganicidad de UP

Y lo más importante. Respeto mucho la actividad de Yolanda Díaz como ministra y deseo que tenga éxito en la reagrupación de la izquierda a la izquierda del PSOE. Pero, (ojo, que ésta no es de las que suelo fallar). Si esa izquierda del PSOE no va a descansar sobre una organicidad de abajo a arriba y una democracia interna digna de tal nombre el fracaso está asegurado.