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Seguiré haciendo amigos porque aborrezco el chaqueteo y hay mucho que denunciar, hoy escribiré los chulos de la EMT. No mencionaré nombres, pero los tengo. De entrada, digo que son más los amables que los bordes, pero los asnos rebuznan con doble energía. Viajo en bus y presencio escenas penosas.

Ejemplos: línea 7, sube una mujer con carrito de bebé y otra niña pequeña. La pequeña pasa la tarjeta y suena el ronco chirrido que no la acepta, inmediatamente el conductor exige a la madre abonar el importe. La niña acude con veinte euros que es lo que la señora tiene y el conductor le dice que sólo cambia billetes de diez. La mujer no tiene y el tío abre las puertas para que bajen. Otra, a un hombre mayor le pita su tarjeta de jubilado con pensión no contributiva, el conductor de cabeza rapada, trayecto son Gotleu-Son Vida, dice que pague o se baje y el anciano responde que ni paga ni se baja porque su tarjeta es válida. Entonces el conductor detiene el autobús y llama a la policía ante la airada protesta de los otros pasajeros. Otro en la plaza Progreso pasó de largo cuando una señora negra le hizo señal de detenerse (chulo y racista). In situ lo presencié desayunando: conductor línea 16, denunciado varias veces sin que la empresa lo sancione, deja el motor en marcha y debe pararlo en Pedro Garau (final de trayecto) al lado de las mesas de la panadería Son Coc que sirve desayunos.

El último, aunque sean más: se trata de un Fittipaldi en la línea 46 que conduce como si llevara ganado, sin tener en cuenta que transporta ancianos de la residencia Bona Nova, arranca, frena y se dispara por las retorcidas curvas del hotel Valparaiso como si el culo le quemara. Son bagatelas diarias en un servicio municipal de transporte que debería ser ejemplo. Alguien con una pluma de ganso en la oreja opina que entre los requisitos de admisión, además del catalán y del especial carnet de conducir, deberían pedir unos kilos de educación y cuatro onzas de psicología social. Desconozco las exigencias para trabajar en la empresa, pero sé de conductores en paro más educados que los chulos de la EMT; que, por cierto, apreciarían mejor su trabajo con un año de suspensión de empleo y sueldo.