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Hace varios años me dirigí a Emaya a través de las redes sociales para denunciar una pintada en la muralla de Palma, a la altura del Baluard des Princep. El organismo municipal con más enchufados y con mejores sueldos por metro cuadrado posiblemente de toda España me contestó que las murallas dependían del Consell de Mallorca y que ellos no podían hacer nada. La pintada, que podían ver todos aquellos conductores que se dirigían a la autopista (a cientos por minuto), estuvo más de un año en ser retirada. Me sorprendió la falta de reacción entre dos administraciones del mismo color por solucionar un problema que afectaba al patrimonio histórico de la ciudad, y mucho más cuando la pintada se encontraba a menos de un kilómetro de la sede de Emaya. Era materialmente imposible que ningún político o funcionario viese aquel ataque al patrimonio de la ciudad. Llegué a la conclusión de que aquella pintada les importaba un pimiento.

Desde hace unos años el despliegue de grafitis se ha desmadrado en Palma simplemente porque durante mucho tiempo no se ha adoptado ni una decisión al respecto. Los delincuentes grafiteros han actuado como han querido en la ciudad y solo hasta hace unas semanas parece que se les está persiguiendo. Lo dice hasta la propia presidenta de ARCA, nada sospechosa de ser una peligrosa fascista, quien ha denunciado que en cuatro años no se ha hecho nada al respecto. Fermoselle ponía de ejemplo de dejadez en la cuesta del Teatre Principal, donde ni Consell de Mallorca ni Cort han mostrado el más mínimo interés en eliminar las pintadas.

Más recientemente, el alcalde de Palma, José Hila, ha reaccionado al respecto (por fin) y ha dicho que hay que acabar con los grafitis, pero al mismo tiempo ha recordado al PP que cuando ellos gobernaban también había. Efectivamente, con el PP también había pintadas, pero Hila debería saber que si los ciudadanos lo eligieron a él es para que gobierne mejor que los anteriores y no para que hacer comparaciones. Eso no sirve para nada.

Por si no bastase la nula actuación municipal contra los grafiteros, el Ayuntamiento de Palma está anunciando un servicio para que los ciudadanos llamen a Emaya, que se encargará de limpiar las pintadas. Dicho servicio cuesta el módico precio de dos euros por metro cuadrado, lo que evidencia la torpeza municipal al no hacerlo gratis y, además, sin necesidad de que ningún propietario llame al Ayuntamiento. ¿O es que ningún dirigente político de Cort se da un paseo por la ciudad de vez en cuando para ver dónde hay que actuar?

A mí que haya que pagar por limpiar las pintadas me parece una monumental tomadura de pelo, un insulto a la inteligencia. Limpiar las calles es competencia municipal y también lo es la seguridad ciudadana. En ambos casos Cort no actúa, no ejerce sus competencias, pero como son muy generosos y ahora han despertado del grave problema que hay en la ciudad deciden ofrecer un servicio al simbólico precio de dos euros por metro cuadrado.

El problema de los grafitis en Palma no va de ideologías ni de partidos políticos

Este problema no va de ideologías ni de partidos políticos. Igual Hila no lo quiere entender, pero tiene una oportunidad de oro dar un paso al frente y conseguir que Palma tenga una imagen muy distinta entre residentes y visitantes. No hagan pagar a los ciudadanos por la incompetencia municipal, aunque sea un precio simbólico. Bastaría el mismo énfasis que pone Cort en actuar contra el hotel Artmadans y en unos días el problema podría quedar solucionado.