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A estas alturas no resulta en absoluto aventurado el pensar que Donald Trump tuvo algún tipo de relación con el asalto al Capitolio llevado a cago el pasado 6 de enero. Lo que cabe esclarecer es cuál fue exactamente su papel. Y de ello se está encargando un comité de la Cámara de Representantes que puesto en contacto con siete agencias federales busca información relativa a la organización y financiación de mítines de Trump en los que se menciona la posibilidad de bloquear, o ralentizar, el traspaso de poderes al nuevo presidente. Es decir, que las pesquisas alcanzan más allá de los hechos concretos ocurridos el día en el que se produjo el asalto al Capitolio.

Ello es un factor a tener muy en cuenta ya que no sólo se airearan de nuevo los embustes con los que Trump pretendió desorientar al pueblo norteamericano, sino que se conocerán comunicaciones concretas entre la Casa Blanca y las agencias ejecutivas. En resumidas cuentas, es posible, y dan ganas de creer que hasta probable, que al incentivar la ‘toma’ del Capitolio, Trump, presidente en funciones, estableciera contactos con grupos de ultraderecha, considerados algunos de ellos como compuestos por terroristas internos. De quedar claro el papel de Trump en una insurrección que, amén de la vulneración de la ley que supone, causó la muerte de cinco personas (cuatro asaltantes y un policía) y decenas de heridos, ello impulsaría las demandas ya presentadas –una por miembros de la policía que fueron agredidos durante el asalto– contra el expresidente.

La transferencia pacífica de poderes tras unos comicios presidenciales está garantizada por la Constitución. Algo que no impresionó lo más mínimo al maniobrero Trump.