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Está claro que el PSOE, en manos de Podemos, ha caído en la histeria. Eso se hace evidente cuando sus dirigentes, como cualquier dictador, hacen uso de escándalos para que el personal se fije en ellos y no vea lo que ellos no quieren que vean. Para montar el sarao usan a feminachistas, y al colectivo LGTBI, que no son todos los LGTBI. Pero todo les vale a los del Gobierno para aplicar el NODO y que ni los suyos vean la verdad que esconden: y es que sus dirigentes pasan de su programa electoral y van a lo suyo, a ser felices en su sillón, como Sánchez, el yuppy más feliz.

Sería difícil encontrar un Gobierno de derechas tan falso. Fíjense: un chico mintió acusando falsamente a ocho heterosexuales, y ni Marlaska ni nadie le ha criticado. Y es que ellos, esas minorías extremistas, se creen tener, al igual que muchos progresistas –que para mí son el regreso a las cavernas y a la anarquía–, derecho a todo, incluso a ser injustos… si el culpable es de los suyos. La persona que mintió acusando a ocho heterosexuales, tendría que ser juzgado por lo que hizo, como lo tendría que ser –muy justamente– si el que hubiera mentido hubiera sido un heterosexual. Pero ni las feminachistas ni los/las del LGTBI hablan de ello… Los feministas, gais, lesbianas, etc, que me dan la razón, ni salen en La Sexta ni montan escándalos; en lugar de eso, se comprometen con la vida de cada día. Porque entre los LGTBI hay dos sensibilidades: la de los/as que buscan igualdad y justicia –y con esos estoy de acuerdo–, y la de aquellos/as que, traumatizados, admiten la injusticia, la mentira y la venganza cuando va contra los heterosexuales. A las feministas les pasa igual: Hay un feminismo serio y que lucha cada día, y otro que se aferra a los viejos defectos del machismo y los pone en práctica, cayendo en un «feminismo» cuanto menos contradictorio.

Lo triste es que los del Gobierno tengan el morro de usar los traumas de esas personas para montar sus NODOS y dejarles salir a la calle a montar ruido –da igual lo que exigen o no–. Solo lo hacen para que todos nos olvidemos de un programa electoral que, un día tras otro, se convierte en una traición contra quienes les votaron, muchos de los cuales no llegan a final de mes. ¡Vaya progreso!