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Si Griezmann, que cobraba 20 millones netos al año, no ha encajado en el Barça tampoco pasa nada por asumir que el concejal de Palma Francesc Dalmau no está nada dotado para el cargo que ocupa en el Ayuntamiento de Palma. Hasta 11 asociaciones de la ciudad han pedido la dimisión de Dalmau, pedagogo de formación y sin carrera profesional conocida al margen de la política. Para que se hagan a la idea, Dalmau ya estaba en el Parlament hace más de una década y me ahorraré dar el nombre del alto cargo del PSOE que un día me dijo: «Estamos pagando una beca a Dalmau desde el Parlament para ver si acaba la carrera».

Para tranquilidad de Dalmau le diré que conozco a cientos de personas, entre ellas yo mismo, que serían incapaces de diseñar la circulación de la ciudad y mucho menos impulsar cambios revolucionarios que afectan a cientos de negocios y miles de particulares. Dalmau dice que él sabe escuchar a las personas, virtud que ha conseguido gracias a sus estudios universitarios de Pedagogía, lo que por la misma regla de tres debe incapacitar a aquellos políticos que no han cursado dicha carrera. Al ser pedagogo de profesión, como él mismo presume, lo normal hubiese sido ponerle al frente de la Concejalía de Educación y evitarle este mal trago de que casi una docena de organizaciones le llamen incompetente. Si Dalmau quiere seguir 25 o 30 años más en política y poder jubilarse con un cargo público no parece descabellado que lo aconsejable es que escuche las protestas de los ciudadanos.

El problema no es de Dalmau sino del alcalde, José Hila, que debería tomar el mando y escuchar a cientos de comerciantes que se han unido –excepto las patronales afines y subvencionadas– para pedir la dimisión del concejal por su «incompetencia». Afortunadamente para Dalmau cuenta con el apoyo de Alberto Jarabo, que defiende la política resilente e inclusiva de movilidad de Dalmau, siempre y cuando las bicicletas puedan circular por las aceras, que es lo que él practica a diario de camino a la oficina a media mañana.

Lo peor del gobierno municipal de Palma, que se autodenominó de las «personas», pero que ahora no quiere escuchar a esas «personas», no es que planteen un cambio en la movilidad de la ciudad en contra de vecinos y comerciantes. El drama de nuestros políticos no es que no sean capaces de diagnosticar el grave problema que vive Palma, de falta de limpieza, de degradación, y que se pongan manos a la obra lo que queda de legislatura. El problema es que no reaccionan y siguen viviendo en su mundo de yupi en el que se apoyan mutuamente para no perder los cargos políticos que, a este ritmo, deberán desocupar irremediablemente en 2023.

Aún me acuerdo cuando Armengol le reprochaba con vehemencia a Bauzá, a cuenta del TIL, y le decía que escuchase a la gente que protestaba, y la verdad es que el tiempo y las elecciones le dieron la razón. Ya sabemos que Armengol tiene todo el día más que ocupado entre resolver la pandemia y reivindicar una mejor financiación estatal, pero igual debería tomar cartas en el asunto. No hace falta ser un lince en análisis político para avisar que la actual gestión municipal en Palma, considerada la peor de la historia, puede derivar en una derrota electoral en toda la Comunitat. Y ahora mismo ya le aviso que en Palma la izquierda perderá miles de votos por la mala gestión en Cort.