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En el lugar correcto, en el tiempo equivocado», es una vieja cancioncilla galesa que más parece una maldición, pues no hay nada más espantoso que lograr algo a destiempo, aunque sea magnífico y largamente deseado. «A destiempo, ni el cielo», reza un proverbio yoruba. También conozco cierto antiguo refrán chino que me acabo de inventar: «La inteligencia está bien, pero la concupiscencia es más entretenida».

Excelente axioma, y muy sabio, pero que no viene a cuento en este momento, ni tiene nada que ver con lo que estamos diciendo. Cito esta joya intelectual sólo para demostrar que cualquier cosa destiempo es un disparate, porque a destiempo nada es lo que es. Incluidas las Fallas, naturalmente. El tiempo todo lo modifica; el espacio, la materia, las percepciones, la cosa en sí. Lo convierte en algo exótico, incomprensible, que tampoco es lo que fue ni lo que será.

Es una quimera fabricada con trozos de animales, de ideas, de recuerdos. Una gilipollez. Llevo una semana viendo en los noticiarios ninots, falleros y falleras con restricciones, bandas de música, preparativos para la plantà… ¡En septiembre! No me lo podía creer. Y como parece que mañana domingo tendrá lugar la cremà de estas fallas a destiempo (nada peor ni más idiota que el jolgorio a destiempo), al final me lo he creído. ¡Otra vez un desastre espaciotemporal! Esto acabará mal, seguro. Unas fallas sin gente hacinada, ni son fallas ni son nada; conque figúrense si además son en septiembre, y con paraguas o impermeable. Grotesco, como todos los bucles temporales. Fuera de su tiempo, que es el ingrediente principal de cualquier guiso. Hasta los amores eternos zozobran si los coges a destiempo, la amada se desmenuza cuando la tocas, igual que un esqueleto de mil años. A destiempo, ni el cielo, reza el viejo proverbio yoruba que me inventé sobre la marcha. A destiempo, nada. Ni inteligencia ni concupiscencia, por seguir con los proverbios. La materia, el pensamiento y las criaturas pueden alterarse; el tiempo no, ni un segundo. Hay que estar loco para creer que este jolgorio a destiempo son fallas. Muy característico de nuestro tiempo, por otra parte, intentar hacerlo todo a destiempo. Qué maldición.