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Hace dos años, buscando información sobre las poetas del exilio republicano, doblemente condenadas al olvido por su condición de exiliadas y, sobre todo, de mujeres, pasé días enteros buscando en internet. Es poco, muy poco, lo que sabemos de nuestras exiliadas. Pero aquella búsqueda me llevó a encontrar tres poemas que me llegaron al alma. Una pequeña reseña decía que habían sido escritos por Carmen Castellote , una de las ‘niñas de Rusia’ a la que sus padres, con solo 5 años, enviaron a Rusia tras el bombardeo de Gernika para ponerla a salvo de la guerra. El que el final de esa guerra coincidiera con el inicio de la Segunda Guerra Mundial hizo que aquellos niños no pudieran regresar durante décadas. Carmen pasó la Segunda Guerra Mundial en una pequeña aldea de Siberia. La nota decía que a finales de los 50 se había ido a México para reencontrarse con su padre que vivía allí exiliado desde 1939 y que, de mayor, había empezado a escribir poesía para recuperar la infancia que le habían robado.

No encontré nada más. En la Biblioteca Nacional solo tenían un pequeño poemario, Vuelo de nieve a sol . Nada, absolutamente nada más. Con aquella información escribí una entrada en mi blog alabando su poesía y evocando lo que pudo haber sido su vida. Una noche de diciembre recibí un tuit desde México en el que un joven me agradecía que hubiese escrito sobre su abuela. No me lo podía creer. Le pedí que me contase todo lo que recordara sobre ella, su vida, sus vivencias, recuerdos… Pero él me respondió: «No, no, lo que mi abuela quiere es que me dé su dirección para enviarle todos sus libros» ¡Había encontrado a la última poeta viva del exilio republicano!

Pocas semanas después me llegó un sobre con una cariñosísima carta de Carmen, todos sus libros, unas reseñas de periódicos y una veintena de fotografías originales en papel de su vida en Rusia y México. Desde entonces mantenemos una preciosa amistad a través de correos y llamadas telefónicas en las que hablamos de filosofía, de literatura, del mundo y sus problemas… Está perfectamente al corriente de todo lo que pasa en España, no se pierde ni una serie de tv española, y está encantada de que, gracias a este inesperado encuentro, se vaya, al fin, a publicar su poesía completa, y que se vaya a publicar precisamente aquí, en aquella España que dejó atrás pero que siempre ha permanecido viva en su corazón. El libro aparecerá dentro de unas semanas y se titulará Kilómetros de tiempo porque, como Carmen dice, «los exiliados sabemos que la distancia no se mide en metros, sino en años».